18 de enero 2011 - 00:00

La historia del Pop regional se cuenta en Punta del Este

«Sín título» de Ruisdael Suárez, una de las pinturas y dibujos de primer nivel que integran la muestra «Los 60 y el Pop. Política y sensualidad. Formas del Pop en la obra de artistas argentinos, brasileños y uruguayos».
«Sín título» de Ruisdael Suárez, una de las pinturas y dibujos de primer nivel que integran la muestra «Los 60 y el Pop. Política y sensualidad. Formas del Pop en la obra de artistas argentinos, brasileños y uruguayos».
Punta del Este - En su sede de La Barra la tradicional galería Sur abrió la temporada con una muestra digna de exhibirse en un museo: «Los 60 y el Pop. Política y sensualidad. Formas del Pop en la obra de artistas argentinos, brasileños y uruguayos durante la década del 60». La exposición no sólo reúne un conjunto de pinturas y dibujos de primer nivel sino que, además, lo presenta con el soporte curatorial del historiador del arte uruguayo Manuel Neves, autor del ensayo que acompaña el catálogo de la exposición y que permite conocer a grandes rasgos los principios esenciales del Pop que surge a fines de los años 50 en Londres y Nueva York. Luego, el texto indaga en profundidad la década del 60, las características de los distintos contextos sociales y políticos de los tres países que abarca la muestra. Las tres nacionalidades que, justamente, predominan en Punta del Este.

El recorrido de la muestra comienza en la Argentina, donde el Pop tuvo una producción más amplia que la de Brasil y Uruguay, país donde prácticamente resuenan -aunque con características muy personales- los ecos del Pop art porteño, y otro tanto sucede en Brasil, para comenzar, porque como muy bien explica Neves en su texto, el Pop era visto «como una de las caras de la política imperialista de Estados Unidos».

La muestra de la galería Sur suma un panorama interesante a las recientes exposiciones que se vieron en Buenos Aires, la Nueva Figuración en el Museo Nacional de Bellas Artes, «Imán, Nueva York» en la Fundación Proa y la actual exhibición de Marta Minujín en el Malba. Neves se remonta a los cambios en secuencia rápida entre gobiernos democráticos y golpes militares que desembocan en el desarrollismo de Frondizi y la vocación moderna del Instituto Di Tella. En esos años nuestro país abandona la actitud regresiva (París y su academicismo estaban en la mira) y comienza a insertar a sus artistas en el siempre anhelado circuito internacional, con el apoyo institucional del Museo de Bellas Artes, el Instituto Di Tella y las Bienales Americanas de Córdoba.

Al ingresar a Sur se divisa la intensidad de las obras de la etapa Pop de Antonio Berni, que contrastan con la dulzura juguetona de los dibujos de Delia Cancela y Pablo Mesejean. El curador Neves, define el «Pop independiente» de Berni, que tuvo sus diferencias con Romero Brest, o el de Nicolás García Uriburu y Antonio Seguí que pintaron sus obras en París, y marca las diferencias con el «oficial». Desde luego, la ligereza del Pop «oficial», responde a la demanda política de EE.UU., que en plena Guerra Fría y a pesar de la ayuda económica, demandó un arte vacío de contenido social o político, un arte que le evitara problemas en el llamado «patio trasero».

A pesar de las dificultades para asumir la adhesión a los valores que exalta el Pop, el paulista Claudio Tozzi (cercano a la estética de Jorge De la Vega), presenta las pinturas más atractivas. Se trata de las imágenes de las multitudes y de íconos como un astronauta, y el Che Guevara. En esa misma tendencia, Ruisdael Suárez muestra los objetos que pueblan las publicidades y los rostros de sus mujeres bellísimas y sensuales. El artista Ernesto Cristiani, muestra la otra cara del Pop, los rostros que se asemejan hasta llegar al anonimato. Neves aclara que integran la exposición dos artista uruguayos «emblemáticos de esta generación», ya que «de alguna forma utilizan algunos elementos formales del Pop de manera extremadamente libre: Haroldo González y Antonio Slepak. Entretanto, Slepack incorpora un complejo universo de signos, José Gamarra suma la energía de sus rasgos expresionistas».

En este sentido, la muestra destaca los rasgos de insubordinación ante la pureza estilística que demandaba EE.UU.. De algún modo, las obras de la galería Sur, dejan entrever las sombras que escondía ese mundo luminoso estimulado por la Alianza para el Progreso de Kennedy y los tiempos violentos que sobrevendrían después.

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