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"La infancia sabe eludir jerarquías y se pone a salvo"
DIÁLOGO CON EL AUTOR MADRILEÑO ANDRÉS BARBA - En su libro “República luminosa” los niños emergen como una plaga que va a asolar las ideas y valores que la sociedad tenía por ciertos.
Barba. “´El principito´, ese niño sin su lugar, no es detestable por cursi sino por maligno y perverso, sostiene que la dignidad de las personas proviene del amor de un tercero”.
A.B.: André Gide en sus "Diarios" se pregunta cuál es el secreto de Hitler y escribe: "Es el único que ha entendido que la gente no tiene vida privada, que está deseando salir a la calle, y que lo que no ha sucedido ante un testigo no existe". Tenemos la desconfianza de que si alguien no ha presenciado o atestigua lo que estamos viviendo empezamos a dudar de su realidad. No podemos sostener la realidad sin un cómplice o un testigo. Hitler, piensa Gide, se dio cuenta que la política sólo puede ser colectiva. La invasión de esos 32 niños, venidos de no se sabe dónde, recién comienza a pensarse luego de que asaltan un supermercado. En el origen de este libro está "La peste" de Camus. Estos niños son como una plaga que va a asolar las ideas y valores que la sociedad tenía por ciertos hasta ese momento, va a poner en crisis qué es la infancia, qué es el orden, quién determina el poder, quién dice lo que sucedió, lo que no sucedió, qué es lo civilizado y qué es lo bárbaro, pone todo en compromiso.
P.: Su novela puede ser leída como una fábula moral.
A.B.: Es una fábula, y si bien hay situaciones sorprendentes siempre tienen una explicación plausible, realista. Buscaba que no se deslizara hacia algo muy peligroso, el realismo mágico. Si tenía que funcionar como una fábula política tenía que tener una explicación estrictamente materialista, racional, a pesar que tuviera episodios en sombra como de dónde salieron los niños o cómo se comunican entre sí. Debía tener una toma a tierra permanente para ser fábula política, una fábula que lleva a asistir como se construye una verdad social, una verdad consensuada donde se integran muchas perspectivas, muchas voces distintas, a veces contradictorias, sobre un hecho traumático para una sociedad. Los personajes son la ciudad, la clase media emergente de la pobreza; el narrador, un outsider, un ser externo a ese lugar; los 32 niños; el periodista que hace leer lo que ocurre; la niña del lugar que lleva un diario de lo ocurrido enamorada de uno de los niños de la banda, y los obviamente políticos, el jefe de policía, el alcalde, y en el centro el drama, la tragedia.
P.: ¿Qué le significó el Premio Herralde y qué está escribiendo ahora?
A.B.: Fue un subidón. El Herralde es una rubia muy deseada. Qué escritor no desearía ganarle. El problema es lo que decía Capote, cuando la plegaria es atendida uno queda desconcertado. Cómo uno se relaciona con el deseo satisfecho es algo siempre un poco complicado. Ahora estoy en una novela de fantasmas, un género que me interesa mucho. Me gustan los géneros literarios. "República luminosa" puede leerse como una crónica.


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