3 de diciembre 2009 - 00:00

La inseguridad, el topacio y los hombres ideales

Mirtha Legrand reveló que no llamó a la marcha por la inseguridad porque Daniel Tinayre (según su hija), no la habría aprobado. Susana Giménez definió como «un sol» a Del Potro y dijo que su padre la obligaba a hacer saltos de rana.
Mirtha Legrand reveló que no llamó a la marcha por la inseguridad porque Daniel Tinayre (según su hija), no la habría aprobado. Susana Giménez definió como «un sol» a Del Potro y dijo que su padre la obligaba a hacer saltos de rana.
No fue sólo la inseguridad. Las señoras saltaron de un tema al otro, como si esperaran el comienzo de un desfile o que el mozo les acercara el té con masas. Mirtha Legrand recibió a Susana Giménez y hablaron de ropa, de beneficencia, de viajes, de lo que comerían. «Susana no puede comer crema pero hoy comerá», anunció Mirtha, aunque la promesa no se verificó. Ninguna comió mucho y los platos quedaron a medio probar. También repasaron amores, el pasado de ambas, el presunto romance entre Giménez y Del Potro. Y, claro, sobre cuánto les preocupa la inseguridad.

La conversación fue tan salpicada que no hubo énfasis en ningún tópico: se supo que Giménez ya no cree en el amor porque los hombres la han desilusionado, y que Legrand se emociona cuando su amiga alquila un avión para visitarla en Mar del Plata para su fiesta de cumpleaños. Pero ayer la visitó sin tener que volar:entró con un vestido estampado, como marca la moda, igual que la anfitriona, quien además lucía dos imponentes flores rosas en el cuello y zapatos «al tono». Sin embargo lo más llamativo era el anillo de Giménez, con una inmensa incrustación azul. Con seguridad, nadie podría presumir una bijouterie, pero ella tuvo que salir a aclararlo como al pasar: cuando Legrand la invitó a colocarse alcohol en gel, ella deslizó: «Bueno pero ¿no me irá a estropear el topacio que tengo puesto, no?».

Las colaboradoras de la conductora, como le gusta llamarlas, trajeron la ensalada de la huerta con hojas de rúcula, radicheta, huevo poché y láminas de parmesano. Las comensales pronto pasaron al tema sobre el que, aparentemente, todos querían saber, y que no era la inseguridad. Qué fue a hacer Giménez a Londres. «Fui a ver dos partidos de Del Potro», contó ella «porque siempre le prometí que iba a ir a Nueva York para el US Open, y al final no fui. Y él, que es tan tímido, educado, un sol, me lo reprochó. Así que dije Voy a Londres a verlo. Además hacía muchísimo que no iba, como cuatro años».

Su amiga no dejó pasar la ocasión de preguntarle por qué habrían dicho que estaba enamorada del tenista de 21 años, ante lo cual Giménez, negándolo desde ya, insistió con su metáfora solar: «No sé.. dicen cualquier cosa... es muy chico, es un sol, ¡pero nada!». Luego del intercambio de halagos sobre lo bien que la pasa cada una en el programa de la otra, Legrand consideró entonces que era el momento de ocuparse de algo grave.

«Jamás nos pusimos de acuerdo para hablar de inseguridad. Salió, y no sé por qué hay gente a la que le molesta». Su amiga añadió: «Será que le molesta al Gobierno, pero encendés la tele y te preguntás, a ver, cuántos mataron hoy, y ves que una señora que iba de compras fue asesinada por 20 pesos. A mí no me interesa la bolsa, pero sí el pueblo», enfatizó. Legrand recordó que había desestimado la idea de la marcha por pedido de su hija Marcela Tinayre: «Marcelita me dijo que si su papá viviera, no habría autorizado una marcha, así que recapacité. Es peligroso, me expongo, después aparece la contramarcha». De modo que pasaron rápido a otro tema: la separación de Mecha, hija de Giménez.

El ping pong continuó: «Susana, ¿vos querías ser esto, la número uno? Susana, ¿cómo era tu papá? Susana, ¿te vas a retirar? Susana, estás mas flaca, ¿cuánto adelgazaste? ¿Ves televisión? ¿Te gustan los programas de chismes?», y las respuestas: «Mi papá era milico, rígido, no me dejaba salir, me hacía hacer salto de rana, correr, cosas espantosas. Todavía no me quiero retirar pero son 38 años de trabajo. Hacer teatro y TV sería demasiado, además de la revista. Bajé 6 o 7 kilos. Programas de televisión, no veo, se pelean mucho».

La producción, insistente, corría a la mesa con recortes de artículos periodísticos sobre el supuesto romance con Del Potro y el comentario de Giménez sobre si había sido «botinera», antecesora de Wanda Nara. Hasta acercaron una publicación donde se vinculaba a Legrand con un futbolista de Vélez. «Salió en Internet esto, una locura».

También le trajeron un regalo a Giménez, el jabón Cadum, una de sus primeras publicidades para TV, la del «shock». Con tanto potpurrí emergió el tema de Jorge Rodríguez, «El que más regalos me hizo», suspiró Giménez, y Legrand le preguntó quién fue su gran amor, algo que ella ya sabía pero «el público se renueva», claro. Sin embargo, la respuesta quedó pendiente. En cuanto a Jorge Rama, a quien detuvieron ayer por portación de un arma en ocasión de un asalto, Giménez dijo que Teté Coustarot la había llamado para informarla porque no estaba al tanto: «Teté es Petete, sabe todo, yo en cambio nunca sé nada», se sinceró. «A Rama lo quisieron asaltar, él sacó un arma porque tiene derechos de portación. Lo que no sabemos ahora es si los ladrones fueron presos o están tranquilos fumando un habano».

Legrand, insistente con el amor y no las armas, siguió: «Susana, qué te enamora de un hombre? Ella es fisiquera, se fija en las manos, los dientes, ¿qué mirás?» pero la invitada se evadió nuevamente con «es un cúmulo de cosas». Legrand interrumpió: «A mí me atrae la personalidad. Cuando conocí a Tinayre, me gustó lo buen mozo, los dientes blancos con su tez bronceada» y volvió a preguntar a Giménez qué hace sola todo el día y si extraña a su madre. Ella le quitó la preocupación: dijo que la pasa muy bien y que además viaja a Punta del Este o a Miami. Legrand recordó que en el verano la visitó en su chacra, «La Mary», con el perro llamado «Cholo».

Aquello dió pábulo a que discurrieran sobre la autenticidad: Giménez decía que siempre se mostró tal cual es, algo que la gente percibe y valora, pero su amiga discrepó «Es imposible ser auténtica. Yo trato de ser lo mas natural pero tengo la cosa de querer gustar y dar una buena imagen». Sin acuerdo en ese punto, pasaron a «la espiritualidad de Giménez». Ella expresó que su viaje a la India la había transformado, la había ayudado a madurar y «eso es bueno porque si quisiera ir a bailar siempre a Mau Mau, sería una retardada».

De los viajes a Miami volvieron a la inseguridad en Buenos Aires (pues nunca se habló del resto del país). Legrand recordó que habló del tema «cuando volví de Miami, Dios mío, por qué no viviremos así» pero pronto Giménez evaluó que Estados Unidos es el país más rico del mundo, con lo cual la comparación resulta inconducente en cualquier sentido.

«¿Qué habrías sido si no fueras esto que sos hoy?», quiso saber Legrand, quien parecía muy preocupada ayer por la ontología. Giménez respondió: «Algo con la ropa, con lo fashion. Soy maestra, pero nunca ejercí. Siempre elegí mal, siempre estuve con pobres o semipobres, soy enamoradiza pero ahora me cuesta más, estoy aprendiendo que el amor no dura toda la vida». El nombre exacto del gran amor de la vida de Giménez --por el cual insistió la anfitriona, a quien aseguraba conocer--, a esa altura parecía ya el gancho para mantener al público pegado en la pantalla, como el desenlace de un policial.

Para estirar el suspenso, reiteraron la preocupación de ambas por el país: «Para mí todo está mal, hay una falta de respeto grande, hay que cumplir con las leyes. Y los que pagamos impuestos muy altos por lo que ganamos, como nosotras, nos hacemos mala sangre. Cada vez que pago me tomo un Trapax. Y seguimos viendo que la corrupción no se va a curar, desde Sarmiento en adelante, no paramos», se lamentó Giménez. Su amiga, en cambio, se mostró más optimista: «Tiene que cambiar, que no roben más», pero allí la invitada respondió: «¿Cómo cambiás cuatro generaciones? ¿Quién fue el que dijo que había que dejar de robar por dos años?». La producción les sopló: «Barrionuevo». Y terminó el programa sin que se supiera el nombre del gran amor.

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