7 de enero 2009 - 00:00

La ira popular jaquea a los regímenes árabes

La ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza tiene un profundo impacto en la opinión pública árabe, lo que constituye una fuente de potencial desestabilización para varios regímenes moderados de la región.
La ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza tiene un profundo impacto en la opinión pública árabe, lo que constituye una fuente de potencial desestabilización para varios regímenes moderados de la región.
Rafah - Mohamed Abu Jatab no podía esconder el odio que acumulaba. Mostró los documentos y escupió sobre ellos. «Todos estos papeles para recoger un cadáver y ni siquiera me dejan llevármelo. ¡Qué vergüenza!», afirmó.
Al apercibirse de la presencia de un periodista europeo le recriminó con ironía casi macabra. «¿Y usted qué hace? ¿Contando cadáveres como el Gobierno de su país? ¿Están satisfechos viendo cómo matan a nuestros hijos? ¿Y ustedes hablan de derechos humanos? ¡A la mierda los derechos humanos!», bramó el palestino de 60 años. A metros de allí, en la morgue del hospital general de El Arish, se encontraba el cuerpo de su hijo Ahmed Abu Jatab. Tenía 26 años. Un simple doctor. Tan sólo caminaba por una calle de Yan Yunis cuando un proyectil estalló en las cercanías. Un pedazo de metal se le clavó en el cerebro y le reventó un ojo. Agonizando, el joven fue trasladado a Egipto, pero murió el domingo.
Desesperación
Su padre formaba parte de las tres familias palestinas que intentaban recuperar los despojos de sus allegados -fallecieron en Egipto tras ser evacuados de Gaza- en una desesperada disputa contra la burocracia local.
«¿Ya tiene los datos? (dirigiéndose al periodista). Vamos, ahora escriba su informe. Y mañana otro. Ustedes sólo se escandalizan si le hacen daño a los gatos. ¡Qué civilización tan despreciable!», clamó de nuevo Abu Jatab. A su lado, su sobrina arremetió también contra «los regímenes árabes» y delante de policías y funcionarios egipcios contra las autoridades de El Cairo. «¡Lo único que hacen es esperar órdenes de EE.UU.! ¡Todos los presidentes árabes son unos traidores!», gritó. Sin querer identificarse, un doctor local asintió con la cabeza. «Tiene toda la razón», dijo.
Las expresiones de ira desbocada que se escuchaban en el hospital general de El Arish y en la población fronteriza de Rafah resumían el delicado ejercicio de equilibrismo que afronta Egipto ante la ofensiva israelí que se abate sobre Gaza.
El régimen de Hosni Mubarak ha sido partícipe junto a Israel del bloqueo que sufre la Franja palestina desde hace dos años al negarse a abrir el paso de Rafah, una actitud que le ha reportado críticas tan virulentas como inusuales entre las fuerzas opositoras y la prensa local.
El día 2, el matutino Daily News no dudaba en calificar su actitud de «vergonzosa» y hasta dudaba de su «patriotismo», en señalamientos inusitados en un país sometido a un férreo sistema policial y con un acendrado culto a la personalidad del presidente.En ningún lugar se aprecia mejor la tensión que se extiende por el país -donde se multiplican las manifestaciones de solidaridad con los palestinos- que en la zona fronteriza con Gaza y en especial en Rafah, la villa que comparte nombre e historia con su gemela del lado palestino.
Rafah ha recuperado en estos días la misma imagen que prevaleciera aquí durante enero de 2008, cuando una marabunta de palestinos irrumpió en la villa tras derribar la valla fronteriza. Como entonces, las autoridades han desplegado a miles de policías -7.000, según el Daily News- y decenas de barreras en las rutas fronterizas para prevenir una repetición de aquel escenario pero también para controlar a su propia población. De hecho, cientos de uniformados armados se ubicaron durante la jornada en una de las mezquitas de El Arish ante el solo rumor de que desde allí se pensaba organizar una manifestación de apoyo a Gaza.
«La gente de Rafah esta horrorizada e indignada por lo que les sucede a sus hermanos en Gaza. Están donando sangre y si las puertas de la yihad (guerra santa) se abrieran, un gran número de hijos del Sinaí se unirían a ella», dijo Mohamed El Menei, un líder tribal de la región norte del Sinaí. El extremo desasosiego y la abierta ruptura entre Mubarak y Hamás ya se ha saldado en la línea de demarcación con algún intercambio de tiroteos entre las milicias palestinas y las fuerzas de seguridad egipcias. El lunes, la Policía egipcia impidió una manifestación organizada por los Hermanos Musulmanes en El Cairo. Con este fin, detuvieron a docenas de personas en Alejandría, Dakahlia y El Cairo. Entre los detenidos se encontraban varios líderes de la organización Hermanos Musulmanes. Además, varios uniformados locales han resultado heridos en este lado de la frontera y uno muerto el 28 de diciembre.
Durante siglos, y hasta hace 26 años, las dos Rafah fueron una sola. Un enclave que el Egipto de los faraones ya conocía como Robhiwa. La ciudad fue dividida arbitrariamente entre Israel y Egipto en 1982 tras la firma de la paz de 1979. Hoy, 40.000 personas viven del lado egipcio y 200.000 en la localidad de Gaza.
Sin embargo, incluso ahora, la población de ambos lados mantiene un estrecho vínculo de sangre y hasta el día 27 seguían comunicados por la red de túneles que servían para abastecer a Gaza. Desde esa fecha, los bombardeos israelíes se han cebado en los 14 kilómetros de frontera destruyendo decenas de conductos subterráneos y paralizando lo que era una «floreciente industria», en palabras de un vecino.
«Rafah (Egipto) no puede sobrevivir sin los palestinos. Nuestros productos van en esa dirección. Desde que comenzó la ofensiva israelí no pasa nada», explica Adel el Gunbush, un egipcio de Rafah casado con una palestina de Gaza. El mismo aclara que del lado egipcio son «miles» las personas involucradas en este negocio, ahora desempleadas, lo que ha añadido más dosis de indignación a la cólera que ya provocaba el azote desmedido que sufre Gaza.
Iskandar, un contrabandista citado por France-Presse el día 4, estimó que la Rafah egipcia ganaba hasta 45 millones de dólares mensuales hasta ahora. Pero el futuro de los dos villorios resulta incierto por cuanto Israel ha condicionado precisamente el cese de su ofensiva a una supervisión internacional del entramado subterráneo que pretende incluso que involucre a ingenieros especializados del Ejército de EE.UU. «Queremos impedir que Hamás se rearme como Hizbulá tras la guerra del Líbano», dijo un alto funcionario israelí.

Dejá tu comentario