La milicia chiita de Hizbulá envía a miles de combatientes cuando las tropas del presidente sirio, Bashar al Asad, necesitan un refuerzo. Grupos más o menos radicales sunitas ayudan a los insurgentes en el país vecino y todo ello repercute en la situación de Líbano. Tan sólo el horror de la propia guerra civil, que entre 1975 y 1990 obligó a huir del país a cientos de miles de libaneses, ha impedido que las milicias locales vuelvan a dispararse entre sí.
Después que un grupo terrorista sunita asumió el doble atentado suicida de ayer ante la embajada iraní, los políticos sunitas intentan evitar que se agraven las tensiones entre sus grupos religiosos y los chiitas de Hizbulá, aliados de Irán. "Paciencia y a apretar los dientes", recomendó el jefe de Gobierno designado, Tamam Salam, y el influyente ex primer ministro Saad al Hariri declaró: "Este acto terrorista nos debería motivar de nuevo a apartar a Líbano del fuego que arde cerca". La cúpula iraní prefirió no manifestarse sobre las tensiones internas en Líbano, en las que está involucrada. En lugar de ello, el Ministerio de Relaciones Exteriores en Teherán acusó del ataque terrorista a Israel, casi en un acto reflejo.
Y cierto es que Israel en los últimos días ha ido aumentando la escalada verbal contra Irán. La razón de ello son los avances en las conversaciones nucleares con Teherán, que en Israel se topan con un gran escepticismo. Sin embargo, incluso los analistas más contrarios a Israel consideran tirada por los pelos la teoría de que el Gobierno hebreo vaya a enviar a dos terroristas suicidas a la embajada iraní.
Tampoco hay ningún indicio que incrimine a Arabia Saudita o a Qatar, tal como los acusa el Gobierno sirio de Damasco. No obstante, nadie puede negar que algunos países del Golfo gobernados por fuerzas sunitas estén apoyando a los insurgentes sirios y que también algunos partidos y movimientos sunitas se benefician del dinero de la región. A mediados de agosto, en un atentado en un barrio beirutí habitado sobre todo por seguidores de Hizbulá, murieron 27 personas. Ocho días después perdieron la vida 42 personas en atentados contra dos mezquitas sunitas en Trípoli.
En esa ciudad del norte del país se registran continuos tiroteos entre seguidores y adversarios libaneses del régimen de Al Asad.
Muchos libaneses consideran injusto que el conflicto sirio y la rivalidad entre Irán y los países del Golfo se viva en su país. Pero tampoco consiguen detener la espiral de violencia.
| Agencia DPA |


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