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“La novela negra debe mestizarse para vivir”
Dolores Redondo: “Hay que salirse de esos parlamentos de las películas de Humphrey Bogart, porque nos ha limitado lectores. Un género fusionado sale ganando”.
Redondo no es estrictamente una exponente canónica de la novela negra: las novelas de esta autora nacida en Navarra se enrolan en lo que ella misma tipifica como "un mestizaje", bajo una fórmula que combina la crítica social con dosis de thriller y novela fantástica.
La autora suma ya una treintena de traducciones con su trilogía del Baztán, ambientada en una zona inhóspita de su tierra natal, bajo un paisaje que desata crímenes rituales y exhuma los viejos demonios de Amaia Salazar, la heroína de la saga que acaba de lanzar en España el volumen que cierra la serie, "Ofrenda a la tormenta", que llegará a la Argentina a fin de año.
La protagonista de la trilogía cuyo primer título, "El guardián invisible", lo llevará al cine Peter Nadermann, productor de la saga "Millenium" de Stieg Larsson, rompe con el paradigma "sherlokiano" del investigador autosuficiente que tiene clara sus hipótesis desde el principio: lejos de eso, la escritora plantea los dilemas y fantasmas de una mujer que debe conciliar las tensiones de su profesión de investigadora con la vida doméstica y la maternidad. "Es un mujer urbana y bien formada en la universidad que de pronto tiene que volver al lugar donde no hubiera querido volver para confrontarse con aquello que dejó y que cree haber borrado. Y al volver se reactivan recuerdos que le hacen perder el equilibrio, porque resucitan un dolor que sigue intacto, que la zarandea de una manera que cree que la va a perder la razón. Todo esto mientras persigue a un asesino", dijo Redondo a la prensa.
Con respecto a sus resistencias a ser considerada como una cultora de la novela negra, respondió: "La novela negra pura me aburre mucho, por eso elijo mezclarla con otros géneros. También como lectora prefiero los autores que aceptan los mestizajes. Creo que la novela negra tiene el compromiso social de hacer crítica de lo que vemos pero al mismo tiempo es permeable a la fusión: puede funcionar con una trama erótica o histórica, y salir incluso enriquecida. Para subsistir, la novela negra debe beber de otros géneros porque sino corremos el riesgo de encasillarnos, no tanto en los argumentos que siempre son nuevos, pero sí en el lenguaje. Hay que salirse de esos parlamentos de las películas de Humphrey Bogart, porque nos ha limitado lectores. Un género fusionado sale ganando".
También avanzó Redondo en temas de género: "Mi trilogía se sustenta en tres patas: el policial, la mitología -que era la religión que practicaban mis antepasados en la zona donde vivo- y la familia matriarcal, donde la mujer tiene un peso muy importante, porque es la que toma las decisiones. Como consecuencia, mis novelas abordan aspectos femeninos que no hubieran sido posibles en el formato clásico. La protagonista de mis novelas es una mujer urbana y muy calificada profesionalmente, casada y con una buena posición económica que de pronto debe volver al lugar donde no hubiera querido regresar: el lugar donde nació, que está muy cerca y al mismo tiempo lejos, por las complicaciones para llegar y porque ahí están las situaciones a las que ella no desea regresar, como los reclamos de sus hermanas por haber quedado solas al cuidado de los padres ancianos y del negocio familiar".
"Mi nuevo libro habla de las personas que, en nombre de una deidad o de una creencia son capaces de matar", agregó. "Es intrínseco a lo humano y bien diferenciado de la enfermedad mental que suele ser el argumento de defensa y de justificación que nosotros mismos damos ante un hecho aberrante, difícil de explicar. Lo hacemos cuando ante algo espeluznante pensamos 'Hay que estar loco para hacer esto'. Hay un momento, cuando tu vida se ha desmoronado, que parece fácil ceder ante alguien que te dice 'yo te puedo ayudar a reconducir tu vida'. Esto explica de alguna manera el auge en los últimos años de magos, videntes y sectas, mientras la sociedad se ha ido alejando de las formas clásicas de fe. En la mayoría de los casos como mucho te sacan dinero, pero hay otros, en los que se empuja a cometer delitos o crímenes. Los asesinos en serie que eligen a sus víctimas sin que medie relación o parentesco son extraños en las culturas latinas o mediterráneas, donde casi siempre prevalece lo pasional y el crimen dentro del ámbito familiar. Los crímenes más cruentos son aquellos donde las víctimas han sido dañadas por quienes por el contrario las deberían proteger. Todo el mundo debería tener derecho a tener una casa pero sobre todo, un hogar, ese lugar donde nadie te daña. Me preocupa que la mayoría de las veces conocemos este tipo de violencia cuando ya se ha ejercido y cuando el niño está destrozado en un hospital o ha muerto. La novela me ha llevado a preguntar también qué pasa con los niños que han sido víctimas de la violencia familiar y no han muerto pero que crecen y llegan a adulto. ¿En qué clase de adulto se convierte ese niño golpeado? ¿Qué dolor tiene en su alma? Es insuperable no haber sido amado en la infancia pero encima haber vivido con una amenaza constante. Esto es lo que le ocurre a la protagonista de la novela."


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