La obsesión por conquistar a los silvestres K

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La multitud, en gran medida anárquica y aluvional, que se reunió en Plaza de Mayo para despedir a Néstor Kirchner, fenómeno que sorprendió dentro y fuera del Gobierno, activó una obsesión: salir a la captura de esos manifestantes, muchos silvestres, que exteriorizaron su kirchnerismo.

La dimensión, numérica, de ese fenómeno es imprecisa. Pero fueron muchos miles. Unos sueltos; otros, en peñas o pequeñas agrupaciones; muchos inorgánicos, ajenos a las estructuras clásicas, y sin intermediación en su veneración con los Kirchner.

Ese «sujeto» militante, que comenzó a gestarse con el conflicto del campo y se potenció y multiplicó con la ley de medios, aparece en los análisis y diagnósticos. Algunos lo observan con fascinación; otros lo hacen con íntimo temor.

Ambos, tras descubrir el tumulto juvenil y de clase media, quieren convertirse en las avenidas que canalicen esa pasión. Una lectura más fina y brutal sugiere que los primeros para impulsarla y los segundos para contenerla o domarla.

Aunque la aparición de esa marea no es sorpresiva -lo es, sí, su volumen-, las vías formales de militancia no fueron capaces de darle cauce. Entre otras cosas, por su «territorialidad»: su agitación política circula por medios virtuales.

Fue, en ese sentido, anticipatorio (e innovador) lo que generó el programa del canal oficial «6,7,8», que logró convocatorias silvestres y expresiones inusuales como si la bandera del programa fuese la bandera de una agrupación o un grupo piquetero o un gremio.

El fenómeno demostró que las tribunas habituales no son validadas por esos militantes para hacer kirchnerismo. Eso explica el temor de algunos actores del universo K: esa ola puede, pronto o más adelante, arrasar también con ellos.

Pero los demás, los que celebran la irrupción y lo ven como un reaseguro y un potencial, no aciertan con los mecanismos de seducción.

Hace días, sin otro norte que poner un llamador para atraer a los silvestres, la JP que conduce Juan Cabandié difundió vía Twitter y Facebook -plataformas preferidas de esa militancia- un mail para que se comuniquen los interesados. Esa casilla, yoquieromilitar@gmail. com refleja, además de la obsesión por pescar a esos jóvenes, que la «orgánica» K no parece hacer otra cosa que tirar una botella al mar porque, en realidad, no tienen claro dónde ir a buscar a esos silvestres.

Es decir: la multitud es una absoluta intriga para los propios referentes juveniles del espacio K que decían representar, justamente, a ese nicho militante.

Así como Cabandié dio el primer paso, seguido por La Cámpora, también la juventud del Movimiento Evita de Emilio Pérsico y otros grupos menores detectaron ese fenómeno y montaron, o están en eso, dispositivos para capturar un pedazo de tumulto.

Están los que programan actividades callejeras, los que difunden su mail para que los interesados se contacten, y algunos, como Luis DElía, que difunden un teléfono para que lo llamen, en persona, para empezar a militar en la FTV del piquetero.

Desde la trinchera sindical, Facundo Moyano, que conduce la JP gremial, prefiere los métodos más clá-sicos.

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