Río de Janeiro - Doce de los 27 gobernadores elegidos en las elecciones brasileñas, incluyendo los de los ricos estados de San Pablo y Río de Janeiro, aprovecharon la ola populista que encumbró a Jair Bolsonaro para conseguir unas victorias que hace unos meses parecían improbables.
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El Partido Social Liberal (PSL), formación de Jair Bolsonaro, tendrá por primera vez tres gobernaciones: las de Santa Catarina (sur) y de los de los estados amazónicos de Roraima (norte) y Rondonia (oeste).
Pero el efecto conservador se sintió, principalmente, en el rico sudeste, donde candidatos de otros partidos despegaron en los sondeos tras declarar su apoyo público al excapitán del Ejército.
Uno de los casos más significativos fue el de Río, donde el casi desconocido exjuez federal Wilson Witzel pasó del 3% de intenciones de voto en agosto a alrededor del 60% en el balotaje del domingo tras su apoyo a Bolsonaro.
En San Pablo, el estado más rico y poblado del país, João Doria también supo rentabilizar la ola del ultraderechista para obtener el 52% de los votos en su ajustado duelo con el centro-izquierdista Marcio França.
Pese al rechazo explícito de algunos miembros de su partido -el tradicional PSDB (centroderecha) del expresidente Fernando Henrique Cardoso-, el empresario declaró su apoyo a Bolsonaro en la misma noche del primer turno.
En Minas Gerais, Romeu Zema, del Partido Novo -una formación de derecha surgida en 2015 gracias al apoyo de numerosos empresarios-, conquistó la elección con un arrasador 70% de los votos.
El Partido de los Trabajadores es la formación que logró más gobernadores, cuatro, todos en el nordeste, feudo electoral de Lula.
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