19 de septiembre 2017 - 00:00

La persecución de los rohinyás, la limpieza étnica que avergüenza a Myanmar

MISERIA. Las condiciones de los campos de refugiados de los rohinyás en Banglandesh son paupérrimas.
MISERIA. Las condiciones de los campos de refugiados de los rohinyás en Banglandesh son paupérrimas.
Bangkok - Hace tres semanas que Dil Mohamad y su familia están atrapados, junto a miles de rohinyás, en un pedazo de territorio entre su país natal de Myanmar (ex Birmania) y Bangladesh, tras huir de la violencia que arrasó sus poblados.

Más de 400.000 miembros de esta minoría musulmana pasaron a Bangladesh desde fines de agosto, escapando de la represión del Ejército birmano desencadenada tras los ataques de los rebeldes rohinyás.

Pero a diferencia de los que hoy sí pueden atravesar la frontera, los primeros en huir el pasado mes de agosto no tuvieron inicialmente el derecho de ingresar al país por lo que debieron instalarse en una porción de territorio entre los dos países, esperando que la comunidad internacional haga presión sobre Myanmar para autorizarlos a regresar.

"No tenemos ninguna intención de ir a Bangladesh. Queremos volver a nuestro país" explicó Dil Mohamad. "Myanmar es mi país. Mi familia vive ahí hace generaciones".

Este campesino de 51 años dijo que 150 familias de su pueblo de Mae Di, en el estado de Rakáin, viven ahora en un campamento instalado en lo que antes era una tierra de nadie.

El conflicto se profundizó el 25 de agosto cuando, armados con palos, machetes y pocas armas de fuego, unos 6.500 rohinyá asaltaron 30 puestos policiales y desencadenaron la respuesta contundente del Ejército birmano, a la que continuó una grave crisis humanitaria.

El ataque lo reclamó ese mismo día el Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ARSA), también conocido como Harakah al-Yaquin ("el movimiento de la fe", en árabe), el ultimo grupo rebelde en alzarse en armas contra Naipyidó, que hace frente también a organizaciones armadas de otras minorías étnicas.

Financiado y liderado por la diáspora rohinyá en Arabia Saudita, según la organización de estudios Crisis Group, el grupo se multiplicó en número en menos de un año.

El Ejército, que califica a los insurgentes de "extremistas terroristas bengalíes", acusó a los rebeldes de ser responsables del asesinato de un número indeterminado de civiles, alegaciones que el ARSA rechaza.

Las autoridades aseguraron también que abatieron más de 400 insurgentes y detenido a alrededor de un centenar.

Organizaciones humanitarias y la ONU afirman que Myanmar minó la frontera para impedir que retornen los refugiados.

Los rohinyás, tratados como extranjeros en Myanmar, un país en donde más del 90% de la población es budista, son considerados apátridas a pesar de que algunos estén instalados allí desde hace generaciones.

Frente a la magnitud del éxodo, la ONU ya no duda en hablar de "limpieza étnica". Esta semana el Consejo de Seguridad reclamó a Myanmar que tomara medidas "inmediatas" para acabar con la "violencia excesiva" en el estado de Rakáin.

Para el teniente coronel Khan, los refugiados no podrán permanecer eternamente en este 'no man's land' en la frontera. Según él, tendrán que ser aceptados en Bangladesh cuando el gobierno haya terminado de instalar los campamentos susceptibles de acogerlos.

Esta perspectiva disgusta a algunos refugiados. "Me gusta estar aquí" dice Mohamad Arif. "Puedo respirar la brisa que viene de mi país. Eso me hace sentir mejor".

Agencias AFP y EFE

Dejá tu comentario