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“La Pilarcita”: bella conexión con una poética diferente
Ambientada en el interior correntino y con una rica partitura de voces y dichos regionales, “La Pilarcita” aporta aire fresco a la cartelera porteña y brinda la magnífica oportunidad de conectar con otras realidades.
El interior correntino da marco a una historia de tierna humanidad que conecta dos mundos opuestos: el de los citadinos con su ritmo acelerado y sus desbordes neuróticos, y el de la gente de pueblo, aparentemente resignada a una vida más rutinaria y como detenida en el tiempo.
El punto de partida es apócrifo: la fiesta devocional de "la Pilarcita", organizada en un pueblito de Corrientes para rendir culto a una niña de la zona que al morir se volvió milagrera. Su pequeño altar convoca a muchos visitantes, como Selva (Luz Palazón), una santafesina elegante, altanera y al borde del colapso nervioso que ha traído con engaños a su amante enfermo. Su estadía en la modesta pensión que regentea la estudiante de medicina Celina (Paula Grinszpan) con la ayuda ocasional de su amiga Celeste (Lucía Maciel) disparará prejuicios de una y otra parte en medio de una convivencia bastante difícil. No obstante, algunos hechos dolorosos favorecerán el intercambio de ilusiones y deseos ocultos, lo que permitirá acortar las distancias entre locales y forasteros.
La rosarina María Marull creó una rica partitura de voces y dichos regionales que reproducen ese universo de creencias, costumbres y saberes que tanto tiene para ofrecer.
La curiosa gramática del guaraní y algunos de sus vocablos subrayan imprevistamente la comicidad de los diálogos, y esto hace que el público festeje cada ocurrencia de la dupla integrada por la impetuosa Celeste y la responsable Celina.
Ambas actrices sostienen con oficio la tonada correntina y, sin embargo, el recurso tiende a quedar por delante de la situación dramática, como si la identidad de estos personajes quedara concentrada en su habla y no en los silencios, ritmos y posturas corporales que se espera de ellos. Aun así, la labor del elenco es muy disfrutable, incluida la oportuna participación de Julián Kartún (el travieso hermano de Celina), quien con su guitarra y su canto va ocupando el rol de narrador de manera progresiva.
Dentro del registro costumbrista de la puesta brillan varias reflexiones. Por ejemplo, cuando Celeste cuenta cómo su abuela perdió la maldad al volverse vieja: "Ahora es otra. Flaquita, con los ojos así como que ya no opinan"; o cuando le aconseja a Celina pelear por lo que desea: "Para mí la desgracia es algo que uno podría cambiar, pero que no cambia. No lo que no se puede cambiar".
Obras como "La Pilarcita" aportan aire fresco a la cartelera porteña y brindan la magnífica oportunidad de conectar con otras realidades y otras poéticas, tal como sucedió con "Venecia", de Jorge Accame, y más recientemente con "La fiera", de Mariano Tenconi Blanco, "De qué te sirve saberlo", de Nan Giménez, y "Los hombres vuelven al monte", de Fabián Díaz, entre otros títulos.


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