Washington - El presidente de EE.UU., Donald Trump, revocó ayer un decreto de su predecesor, Barack Obama, para permitir el envío sin límites de equipo y armas militares que ya no utiliza el Pentágono a las fuerzas policiales de estados, ciudades, pueblos y hasta universidades.
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Bajo el título, "Restauración del acceso a recursos y equipos de salvamento para las fuerzas de seguridad estatales, locales y tribales", Trump cumplió una de sus promesas de campaña, dirigida a uno de los sectores que más lo acompañaron en las elecciones, las fuerzas de seguridad. El fiscal general, Jeff Sessions, dijo que las restricciones habían ido "demasiado lejos".
Desde que lanzó su candidatura hasta ahora, Trump siempre mantuvo una defensa cerrada de los miembros de las fuerzas de seguridad y, en varias ocasiones, repudió a Obama y su apoyo al movimiento de afroestadounidenses Black Lives Matters (Las vidas de los negros importan), una movilización espontánea que denuncia casos de gatillo fácil policial y la discriminación de esta institución. Como lo hicieron organizaciones de agentes activos y retirados, grupos conservadores y supremacistas blancos, Trump acusó a Obama de atacar a las policías locales y debilitar su autoridad.
Los departamentos de Policía de los estados, las ciudades, los pueblos y hasta de las universidades pueden pedir armas y equipos militares en desuso al Pentágono a través de varias vías legales.
Normas como ésta fueron creadas al calor de la llamada guerra contra el narcotráfico, pero se convirtieron en un elemento central de la militarización de las fuerzas policiales después de los atentados de Al Qaeda del 11 de septiembre de 2001. Durante muchos años y, principalmente, por el miedo que instalaron en todo el país estos atentados, muy pocos cuestionaron esta política de seguridad interna.
Sin embargo, la militarización de los departamentos de Policía estadounidenses quedó en 2015 en el centro de un polarizado debate nacional, luego que agentes vestidos como para pelear en Irak o Afganistán avanzaron sobre las protestas de vecinos, familiares y amigos de Michael Brown, el joven de 18 años que se convirtió en el símbolo del gatillo fácil de la Policía en la ciudad de Ferguson, en Misouri. La represión fue tan sangrienta y desató tal ola de violencia en Ferguson, que Obama ordenó una investigación federal, que finalmente concluyó que la Policía actuó de manera desproporcionada, impuso límites a su militarización subsidiada desde el gobierno en Washington.
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