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La prensa dio la batalla final y hasta comparó a Lula con Hitler y Mussolini

La guerra entre el Gobierno y la prensa estalló a principios de septiembre cuando casi en el último minuto del partido se airearon varios trapos sucios que tomaron por sorpresa al Gobierno y al comando de campaña del Partido de los Trabajadores. El de mayor impacto fue la red de tráfico de influencias supuestamente montada por los hijos de la ministra jefa de la Casa Civil (jefa de gabinete), ex asesora y sucesora de Dilma Rousseff en el cargo, Erenice Guerra. La denuncia se conoció a través de la revista Veja, duramente crítica con Lula da Silva, investigación a la que luego se acoplaron los diarios Folha de Sao Paulo y O Globo. Finalmente, la ministra abandonó el cargo.
Esta revelación fue un golpe en la nuca para el mandatario y un palo en la rueda para la campaña oficialista, que mantenía un crecimiento sostenido desde mediados de julio. Lula se tomó revancha e inició una serie de descargos contra la prensa, a la vez que esgrimía la posibilidad de que el nuevo Gobierno impulse una nueva ley de medios con muchos puntos de contacto con la que se aprobó en la Argentina.
«La verdad es que nosotros tenemos nueve o diez familias que dominan la comunicación en este país, y la mayoría de esos grupos profesan prejuicio, hasta odio», expresó el Presidente recientemente. «Sea quien sea electo en los comicios, Brasil va a tener que fijar un nuevo marco regulatorio de las comunicaciones», agregó. Ese tema es de larga data, pero Lula da Silva nunca lo impulsó realmente. Apenas dejó hacer a los movimientos sociales ligados a su partido y, con las manos atadas por las alianzas de centroderecha que debió hacer en el Congreso, dejó el espinoso tema a su eventual sucesora, que enfrentará problemas análogos.
Desde entonces, la campaña no conoció más de fair play.
Ayer, sobre el inicio de la veda, el golpe más duro llegó desde el editorial del diario carioca O Globo, órgano de prensa gráfico del multimedios más grande de América. «Es preocupante que en esta campaña electoral, en la que Lula se jugó entero sin mayor atención a los límites institucionales y las leyes, surja la idea inaceptable de que el apoyo popular da luz verde al poderoso de turno», indicó en referencia a los actos proselitistas que el mandatario encabezó a favor de su delfina.
«De visible contaminación chavista, esta percepción del poder de un hombre público es peligroso», continuó. «Sin respeto a la Constitución, se desliza hacia la barbarie, hacia el régimen del más fuerte en las calle. Si así fuese, tendríamos que inclinarnos ante Mussolini y Hitler porque llegaron al poder en los brazos del pueblo», aseveró con curiosa lógica. Es que el grupo Globo sabe que sería el principal blanco de una posible ley de medios, en tanto dueño de 122 canales de aire, de su fuerte rol en la radio AM y FM nacional, de su potencia editorial y hasta de su posicionamiento pleno en el negocio de la transmisión del fútbol. Sus novelas son permanente tema de debate nacional y su noticiero central llegó a captar el 60% de la audiencia.
«La red Globo asumió recientemente una posición más crítica sobre el Gobierno, sobre todo con sus columnistas. Se ha creado un clima electoral excesivo, en el que llama la atención la radicalización retórica ya que no encuentra correspondencia con la política real», dijo a esta enviada Claudio Couto, analista político y profesor de la Pontificia Universidad Católica de San Pablo (PUC) a Ámbito Financiero.
«Desde el Gobierno acusaron a los medios de operar como partidos políticos. Mientras, existen publicaciones que apoyan abiertamente a Lula. La diferencia es que estas últimas no llegan a ser tan influyentes», indicó Couto. «Es en ese punto donde el reclamo del Gobierno es válido», estimó el especialista. En la línea dura también se destacó Veja con una reflexión titulada «Una semilla de resistencia». «Un reporte de esta edición se refiere a los ataques que la prensa libre viene sufriendo en Brasil y más radicalmente en algunos países vecinos, como Venezuela y la Argentina», destacó. «En Brasil se debe en parte porque en la concepción de los actuales gobernantes petistas no cabe el concepto del periodismo independiente». Este planteo demuestra que algunos «continúan rumiando las ideas del leninismo», indicó.
Lo llamativo de estos artículos son las ilustraciones: estrellas rojas comunistas que tapan las letras de los teclados, o que «atacan» con sus puntas filosas a la «prensa libre».
Mucho menos alarmantes, pero no por ello menos elocuentes, fueron los diarios O Estado y Folha, que elevaron la figura de Marina da Silva,
la tercera en disputa y hacia la que recientemente hubo una fuga de votos del electorado cristiano y evangelista que antes eran favorables a Rousseff. Hábiles, saben que está estancado y que la posibilidad de un balotaje depende de que Rousseff pierda algunos votos más y que éstos sean capitalizados por la ecologista.
Tras los escándalos de Erenice Guerra, la caída de Dilma se acentuó cuando circularan versiones que mostraban a la candidata del PT como favorable al aborto, algo que -contra declaraciones anteriores- ella misma se encargó de relativizar.
Lo que tienen en común los tres grandes diarios mencionados es la virtual ausencia de imágenes de Rousseff.
La vorágine electoral culminará pronto y, con una elección que ahora o en balotaje muchos consideran jugada, se abre el interrogante sobre la postura que adoptarán los medios críticos al final del camino. «Ahora hay clima de disputa, pero creo que más adelante se volverá a la serenidad», afirmó Couto.


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