11 de junio 2013 - 00:00

La realidad, peor que cualquier fantasía

Washington - Si Edward Snowden dice la verdad, la realidad es mucho más espeluznante que cualquier suposición. No se trata sólo de que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) pusiese en marcha una red capaz de vigilar a cualquiera. Al parecer, las autoridades confiaron la llave de acceso a toda esa información a un gran número de personas.

Snowden, de 29 años, ni siquiera era un empleado de la NSA, sino que trabajaba para una empresa de consultoría externa, con base en Hawái. No había terminado la educación secundaria ni era un analista de los servicios secretos, sino que contaba con una sencilla formación en tecnología de la información. Pero aun así, según sus propias palabras, podría haber espiado incluso la cuenta privada de correo electrónico del presidente estadounidense. ¿Cuántos Snowdens puede haber todavía en la NSA?

Este joven técnico fue quien proporcionó la información secreta sobre la recopilación de datos privados en internet por parte del servicio secreto estadounidense. "No tienen idea de todo lo que es posible", aseguró en la entrevista con el diario británico The Guardian, en la que reveló su identidad. "La NSA construyó una infraestructura que le permite interceptar prácticamente todo", explicó.

Un periodista del The Washington Post advirtió a Snowden de que los servicios secretos probablemente lo matarían si así lograran frenar la filtración. "Para mí no hay salvación", afirmó el joven resignado.

Este tipo de frases suelen escucharse sobre todo en las películas o por parte de gente a la que rápidamente se achacan teorías conspiratorias. Pero por lo que puede verse en el video de la entrevista de The Guardian, Snowden no parece un loco.

El pálido joven de anteojos y barba de tres días habla con prudencia, precisión y sin estar alterado. Y como garantía de su credibilidad puso su propia vida. ¿Se enfrentaría alguien con los servicios secretos del país más poderoso del mundo tan sólo por afán de protagonismo? Por no hablar de que, según sus palabras, Snowden dejó atrás a su novia en Hawái, a su familia en Estados Unidos y un salario fijo anual de 200.000 dólares.

Las historias que cuenta Snowden parecen sacadas de una novela de espionaje de John Le Carré. Como su episodio con la CIA en Suiza en 2007. Un miembro de los servicios secretos animó a conducir borracho a un banquero al que había que convencer para que colaborara. Después de que la Policía lo descubriera así al volante, la CIA ayudó al banquero, y finalmente lo contrató. Ese tipo de experiencias lo desilusionaron, explicó Snowden.

También su huida a Hong Kong parece digna de un thriller. Snowden copió los últimos documentos, dijo en el trabajo que estaba enfermo y a su novia que se iba de viaje un par de semanas, y se subió a un avión. Ya en Hong Kong, se encerró en su habitación de hotel y -según The Guardian- sólo se atrevió a introducir las claves de su notebook tapado con una manta por miedo a las cámaras. Además, cada vez que salía de la habitación colocaba una botella de salsa de soja tras la puerta, para descubrir la presencia de posibles visitantes indeseados. Su salida del anonimato debía estar calculada como una especie de seguro de vida.

Y es que el alcance de las acusaciones de Snowden es enorme: si su relato sobre una recopilación de datos prácticamente a nivel mundial es cierto, todos los desmentidos por parte del Gobierno o de las empresas de internet serían de golpe irrelevante. ¿Qué diferencia supondría el detalle de que los servicios secretos puedan acceder "directamente" a los servidores de Google o Facebook, si de todas formas cualquier dato puede ser interceptado mientras se transmite?

Las autoridades estadounidenses negaron el fin de semana que hayan quebrado la ley. Pero Snowden ya es un héroe por ejemplo para Daniel Ellsberg, el analista que a principios de los 70 filtró los llamados "papeles del Pentágono", sobre el rol de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam.

Por su parte, Snowden es consciente de que cometió un error de cálculo: huir a Hong Kong, donde al fin y al cabo está bajo la influencia de Pekín. "Creo que es realmente trágico que un estadounidense tenga que irse a un lugar que tiene fama de conceder menos libertad", afirmó.

Tampoco hay que desdeñar el momento elegido por Snowden para realizar sus filtraciones, justo antes de la cumbre entre el presidente estadounidense, Barack Obama, y su homólogo chino, Xi Jinping. En ese marco, las acusaciones de Washington a Pekín por supuestos ciberataques quedaron un tanto debilitadas.

Agencia DPA

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