29 de agosto 2011 - 00:00

La retirada dejó estela horrorosa de asesinatos

Más de cincuenta cuerpos carbonizados fueron encontrados en la 32a Brigada al mando de Jamis el Gadafi, uno de los hijos del dictador libio depuesto. Fue uno de los hallazgos más macabros que dejó la retirada en desbandada de las fuerzas gadafistas.
Más de cincuenta cuerpos carbonizados fueron encontrados en la 32a Brigada al mando de Jamis el Gadafi, uno de los hijos del dictador libio depuesto. Fue uno de los hallazgos más macabros que dejó la retirada en desbandada de las fuerzas gadafistas.
Trípoli - Al menos 300 víctimas civiles fueron ejecutadas en grupos durante los últimos tres días por fuerzas leales a Muamar el Gadafi, en medio de su retirada de Trípoli, evaluaron ayer combatientes rebeldes consultados por la prensa extranjera.

El viernes último, en cercanías del complejo de Bab al Aziziya, búnker fortificado de Gadafi, se tuvo noticia del hallazgo de una primera fosa común con 35 cadáveres, en su mayoría mujeres y niños, presuntamente asesinados por militares del régimen en retirada.

Luego tuvo difusión masiva la masacre de Abu Salim, barrio capitalino bastión del régimen, en cuyo hospital destruido se encontraron cerca de 90 cuerpos amontonados.

Se trataba de pacientes del hospital, todos asesinados de un solo tiro en la cabeza y abandonados a la intemperie.

El último sábado se agregó un nuevo descubrimiento macabro: al menos 53 cadáveres carbonizados en cercanías de la base de la 32ª Brigada, cuerpo militar guiado por Jamis el Gadafi, ubicado en la ruta hacia el aeropuerto, en el barrio de Salah Edin.

En una barraca, los esqueletos se cuentan por decenas, mientras en el exterior otros cadáveres no quemados se presentaban con los pies y las manos atadas.

«Los muertos son 167, lo puedo asegurar al ciento por ciento», dijo una fuente que pide permanecer en el anonimato.

«Mi hermano pertenecía a la 32ª Brigada, ahora desertó y está en un lugar seguro. Tuvo que participar obligado de la masacre», agrega.

El mismo informante asegura que podrá hacer hablar a su hermano con la prensa cuando «las cosas estén calmadas» y revela que «hace dos semanas, toda esta gente fue arrojada prisionera a la barraca, comían solamente agua y dátiles. Luego los mataron y a algunos los quemaron todavía vivos».

Lo que se puede apreciar en el lugar son los rastros de una huida general, probablemente tras los intensos bombardeos de la OTAN.

En la base, los militares de Gadafi dejaron abandonado de todo, comenzando por los uniformes, en otro tiempo símbolo de poder indiscriminado, así como dinero, fotos y objetos personales de cualquier tipo.

Parece claro que la mayoría de ellos no formó parte de una «retirada estratégica», sino más bien de una deserción masiva.

Muchos «corrieron a sus casas», aseguran residentes vecinos al lugar, «pues tienen demasiadas cosas que hacerse perdonar».

En el aeropuerto internacional de la capital, un muchachito, herido por la espalda, cuenta: «Me dispararon mientras jugaba al fútbol en el jardín, estaba en la granja de mi tío. No sé por qué lo hicieron, solamente espero que no vuelvan más».

En el lugar los médicos lo atienden, el aire acondicionado funciona a toda potencia y hay abundante agua potable, en la que se convirtió en la base de uno de los grupos más aguerridos de las fuerzas rebeldes: un paraíso inesperado para un joven que desde hace meses debe enfrentar constantes apagones y falta de agua.

«Desde que los rebeldes arribaron a Trípoli, aquí curamos al menos a 50 civiles. Otros 40 murieron», nos explica un médico de la base.

«Los soldados de Gadafi disparaban como locos contra las casas, hasta destruirlas», dice.