30 de enero 2009 - 00:00

La revolución iraní cumple 30 años de represión y fracasos

El ayatolá Jomeini el 1 de febrero de 1979, al arribar a Teherán desde su exilio en París. El Gobierno republicano que siguió al derrocamiento del sha, producido dos semanas antes, caería ante el irresistible avance de su revolución islámica.
El ayatolá Jomeini el 1 de febrero de 1979, al arribar a Teherán desde su exilio en París. El Gobierno republicano que siguió al derrocamiento del sha, producido dos semanas antes, caería ante el irresistible avance de su revolución islámica.
Teherán - Irán conmemorará el domingo el 30° aniversario de la revolución islámica (esto es la llegada triunfal del ayatolá Jomeini de su exilio para imponer un régimen islámico) sumido en dificultades económicas, las mismas que han lastrado su desarrollo en las últimas tres décadas pese a ser uno de los países con más recursos naturales del mundo.
La crisis mundial, unida a la fuerte caída del precio del petróleo y las distintas sanciones internacionales que sufre desde 1980, han depauperado las arcas y las condiciones de vida del segundo mayor productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Fue el denominado «oro negro» el que en la década del 70 se convirtió en el motor de la economía iraní y permitió al país emprender una acelerada marcha hacia la modernización. Sin embargo, el triunfo de la revolución, unido a la hostilidad de Occidente, las sanciones y la guerra con Irak (1980-1988) cercenaron de raíz el dinamismo económico de Irán y abocaron al país a una difícil coyuntura.
Los nuevos mandatarios, clérigos en su mayoría, heredaron un Estado con inmensas riquezas donde instauraron un régimen que prometía al pueblo independencia, libertad y bienestar, pero que en poco tiempo se vio sumido en un retroceso político y económico que ha perdurado. Además, la represión empujó a muchos iraníes a abandonar el país y a exiliarse, lo que privó a Irán de un vasto capital económico y humano.
Como consecuencia de todo ello, el Producto Bruto Interno (PBI) descendió y la renta per cápita se depreció un 47% entre 1979 y 1987, a una media del 5,2% anual, lo que deterioró las condiciones de la vida de los iraníes. Además, la inversión en armamento absorbió la mayor parte de las arcas y dejó pocas opciones a la inversión y el desarrollo.
Sólo en el trienio 1994-1997 Irán comenzó a experimentar un crecimiento lento, pese a que la inflación oscilaba entre el 31% y el 50%, pero otra caída del precio del crudo en 1998 volvió a suponer un mazazo.
La economía iraní -en exceso dependiente del crudo- se vio privada de unos u$s 5.000 millones de ingresos, lo que obligó a frenar su desarrollo industrial, basado en tecnología y empresas nacionales.
Pico
La tendencia se revirtió en 2002, cuando el precio del barril inició una escalada sostenida que alcanzó su techo en 2008, al superar los u$s 150.
Sin embargo, los beneficios conseguidos en el lustro del petróleo caro no han servido para que la frágil economía iraní haya podido repuntar y sortear la actual crisis mundial. Analistas y expertos, tanto dentro como fuera de Irán, acusan al actual Gobierno que dirige Mahmud Ahmadineyad de no haber sabido gestionar la abundancia.
El presidente, que llegó al poder en 2005 como adalid de los pobres y de la justicia social, se ha visto recientemente obligado a admitir que los precios han sacudido a la economía nacional.
«Uno de los principales problemas de la economía iraní es su dependencia del petróleo», explica Maryan Faghih Nastri, catedrática de Economía de la universidad Alame Tabatabi, de Teherán.
Ahmadineyad, criticado internamente sobre todo por su política económica durante los últimos tres años y medio, presentó el martes un Presupuesto general para el próximo año iraní, que empieza el 21 de marzo, que apunta a una menor dependencia del crudo, a un aumento de los ingresos tributarios, a un recorte del gasto público y al cambio de algunos subsidios para el consumo por ayudas directas que tratan de frenar la inflación, situada oficialmente en el 26%.
Pero, a pesar del cambio de dirección, algunos expertos auguran un futuro económico difícil para el pueblo iraní y fundamentan su pesimismo en las cifras no oficiales que arroja la calle, donde se calcula que la inflación real supera el 40% y el desempleo es de un 30% sobre una población activa de 25 millones.
Faghih Nastri, que achaca la inflación a la suba de los precios de las materias primas en el mercado internacional, rechazó que hayan sido los diferentes y continuos embargos los que han empobrecido la economía iraní.
Agencia EFE

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