28 de julio 2014 - 00:33

La RUFO y su peligro en un país que es el paraíso de los juicios


una peligrosa contradicción en quienes critican como un exceso del Gobierno su precaución con la posibilidad de violar la famosa cláusula RUFO. Diría que cualquier preocupación es poca. Y cualquier interpretación sobre el alcance legal del término "voluntary negotiation" de la cláusula RUFO no es irrebatible. Está sujeta a interpretación y a las circunstancias del caso. Y es precisamente este tipo de situación la que nos ha llevado a la situación actual.
En efecto, como si no bastara como muestra la propia interpretación del juez Thomas Griesa sobre el pari passu (tiempo y forma de pago), así como la extensión extraterritorial de su sentencia. Se afirma imprudentemente de forma tajante y concluyente que la posibilidad de que se inteprete una negociación de cómo cumplir con la sentencia como violatoria de dicha cláusula, no existe. Nada más lejos de la realidad jurídica y de la naturaleza de cualquier abogado asesor de tenedores de bonos. Ya hay abogados haciendo cola.
Otro error de interpretación es pensar que el juez o los fondos buitre hubieran reaccionado de otra forma si la Argentina o sus abogados hubieran adoptado una estrategia o lenguaje más "amable". El criterio jurídico de un juez no cambia por la forma con la cual uno se le dirige. En este caso, la Justicia norteamericana siguió el criterio estricto de que la ley es la palabra del contrato. Y para los fondos buitre su negocio era la victoria total y sólo negociar desde la posición de "maximun strength".
Quemar las naves
Pensar lo contrario es "naïve". Es como si le hubieran recomendado a Güemes enviar comida o flores al ejército español para negociar la paz. A veces hay que quemar las naves. Ello es muy distinto que impericia, o irresponsabilidad.
Lo cierto es que la Argentina ahora debe demostrar, primero, que ha agotado todas las instancias para primero cumplir con sus obligaciones contractuales con los bonistas reestructurados. Segundo, que ha agotado todas las instancias y opciones judiciales y no judiciales. Tercero, adoptar sólo la opción que deje menos flancos abiertos al Gobierno. Porque si hay algo que todos deben estar seguros que va a pasar, es que se van a multiplicar los reclamos y acciones judiciales, con o sin fundamento, como consecuencia de cualquier arreglo al que se llegue. La idea de que si se cumpliera con el pago, la Argentina vivirá un periodo de paz y podría acceder al mercado de capitales sin más problemas, es incierta y dependerá de estos posibles reclamos. Esos reclamos dependerán de la astucia de una pléyade de abogados cuya actividad se desarrolla en el país que es el paraíso de los juicios. No hace falta hacer una gran investigación. Basta recordar todas las películas y series de televisión en donde el personaje principal es el abogado. Y termino con un chiste. Un día muere un ingeniero muy capaz pero va al infierno. Después de varios días el ingeniero había colocado aire acondicionado, agua fresca, hielo y una pileta de natación. Dios muy preocupado llama al diablo y le ordena que envíe al ingeniero al Cielo porque estaba violando las leyes acordadas. El diablo se rehusó y Dios le dijo que lo iba a demandar. El diablo le respondió tranquilo y muy seguro: "¿Con qué abogados?".

(*) Abogado. Presidente de la Cámara de Comercio Argentina-Americana de Nueva York.

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