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La soja crece, pero cae la inversión en insumos

Esto, seguramente, llevaría al estratégico grano por arriba de los 20 millones de hectáreas, aunque la superficie total de todos los cultivos de la campaña es muy probable que caiga y no supere los 33 millones, dada la incertidumbre reinante en la plaza financiera y la falta de liquidez, producto de esta razón y de la caída de la cosecha pasada como consecuencia de la sequía.
Así, junto con el atraso que se está registrando en la toma de decisiones, comienza a perfilarse también una abrupta baja en la utilización de insumos, resultado de la menor rentabilidad que, diferencial de dólar e inflación mediante, se prevén en la mayoría de los cultivos.
Nutrientes
Dentro de la gravedad del cuadro, tal vez lo peor sea la disminución en la ya alicaída utilización de fertilizantes que apenas cubre el 27% de los nutrientes que se extraen.
Y, si se considera que el recurso «suelo» es similar al recurso «hidrocarburo», es decir, que se agota, entonces el drenaje continuo al que se está sometiendo a la tierra ya debería ser alarmante.
En este contexto hay varios datos no muy conocidos que recientemente dieron a conocer los técnicos de Fertilizar.
Ahí, y tal como se muestra en el cuadro 1, surge que un barco con 40.000 toneladas de soja (de los habituales para exportación) se «lleva» nada menos que 3.576 toneladas de nutrientes, equivalentes a casi 9.000 toneladas de fertilizantes (entre nitrógeno, fósforo, azufre, potasio y magnesio). La cifra disminuye a 1.180 toneladas en el trigo y a alrededor de 1.000 toneladas en el maíz de donde también se desprende que la soja, a pesar de ser oleaginosa y, por lo tanto, poder fijar nitrógeno, es el cultivo más «extractivo» de los anuales.
Sin embargo, lo más grave del asunto no es esto, sino que «el yuyo» es el menos fertilizado de los granos y el que ocupa prácticamente dos tercios del total de la superficie que anualmente se destina a la siembra, con apenas un 15% de reposición de lo que «saca» del suelo.
Así, de los 3,7 millones de toneladas de fertilizantes utilizados en la última campaña, la soja con cerca de 19 millones de hectáreas sembradas, apenas insumió un millón.
Caída
Por supuesto que los resultados no se hicieron esperar y el cultivo, a pesar de mantener rindes más o menos aceptables (entre otras cosas, gracias a los extraordinarios avances en materia de semillas), ya registró una significativa baja en los niveles de proteína que de superar el 40% hace algo más de una década, ahora se ubica en sólo el 35%, lo que ya está siendo demandado, también, por algunos compradores como los chinos.
Lamentablemente, en la próxima campaña las previsiones de los principales proveedores es que se volvería a registrar una caída también en el uso de este insumo estratégico que, con un arranque «formal» de 300.000 toneladas de utilización en 1991, llegó en la última campaña a 3,7 millones (27%), aunque había logrado superar el 30% en ciclos previos.
La situación ampliaría entonces la brecha del desbalance en el suelo tornándose más extractiva aún lo que, además, complica adicionalmente a las empresas proveedoras que vienen haciendo importantes inversiones en la última década, alentadas por el auge agrícola mundial, pero que hoy enfrentan una capacidad ociosa superior al 40%, y que el año pasado debieron, incluso, importar hasta úrea debido a la falta de gas para la elaboración local.


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