Séptima rueda consecutiva de suba para el Dow, que marcó el máximo desde el 4 de noviembre. Esto, que a primera vista parece un rally, no lo es. Es cierto que los anuncios que el número de viviendas nuevas vendidas creció en julio un 9,6% y que las órdenes de bienes durables registraron el mayor salto en 2 años sugieren que estamos saliendo de la recesión. Pero, lo primero tuvo que ver con el crédito impositivo extraordinario que se dio a quienes compran su primera vivienda y el segundo con el plan de canje de automóviles viejos. En base a esto, el 0,04% que ganó el Dow al cerrar en 9.543,52 puntos no parece nada fuera de lugar. Además, debemos tener en cuenta que los commodities volvieron a tener una jornada negativa (el petróleo cedió el 0,86% a u$s 71, 43 por barril), que el dólar se recuperó frente a las principales monedas, que a pesar de la buen aceptación que tuvo la licitación de notas del Tesoro, la tasa a 10 años quedó prácticamente sin cambios y que el volumen negociado estuvo un 27% debajo del promedio del año. Pasando a lo que más nos preocupa, a futuro enfrentamos dos discusiones que se encuentran encadenadas. En primer lugar si enfrentamos o no a mediano plazo un nuevo proceso recesivo y en segundo, qué forma debe tomar el incremento de las tasas. Si es demasiado tímida, el mercado podría no reaccionar y la inflación salir disparada generando una estanflación. Si es muy abrupta se corre el riesgo de generar una nueva recesión.
Afortunadamente antes de que se dé cualquiera de estos movimientos vamos a ver a la Fed dando de baja alguna de las medidas expansivas no tradicionales que tomó el último año, lo que podría servir como señal para lo que viene más adelante.
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