Merced al 4,70% que ganó el Dow, que acaba de marcar la mayor suba semanal desde la fines de junio y la segunda mayor desde julio de 2010. Si hemos de resaltar algo que justifique la seguidilla de cinco ruedas alcistas (el viernes el promedio trepó el 0,66%, a 11.509,09 puntos; y pierde el 0,6% en lo que va del año), lo cierto es que ninguna de las noticias de los últimos siete días parece capaz de explicar lo ocurrido. De hecho, en las últimas horas los analistas redujeron en promedio su proyección del incremento de las ganancias para el próximo trimestre al 13,7%, del 14,5% de una semana atrás y el 17,5% de principios de julio. Esto se conjuga con el último valor del año que estiman para el S&P 500, que de 1.412 puntos a fin de junio pasó a 1.370 puntos a fines de agosto y a los actuales 1.329 puntos (de todas formas, esto implica una suba de casi el 10% hasta fines de año). Si el pasado no explica lo ocurrido, tal vez sea todo una apuesta por el futuro. Aquí los más relevantes son el plan de reforma impositiva que dará a conocer hoy la Casa Blanca y el anuncio de la Fed del miércoles. El problema es que ninguno de estos dos temas promete demasiado. Lo de Obama porque seguramente tendrá más contenido político que económico, y lo de Bernanke porque lo que en algún momento se esperaba fuera un QE3 y luego un QE2 ½, últimamente nadie piensa que sea más que un leve giro (la Twist operation) en la estrategia de la Reserva (dado que no disponen de más fondos para inyectar al mercado, aumentarían la duración de los bonos que la Fed guarda en cartera, buscando reducir las tasas de más largo plazo, achatando la curva temporal de tasas para incentivar el consumo -en los últimos días menos gente habla de la posibilidad de suspender la remuneración de los encajes-). Una tercera opción es que las apuestas tengan que ver con algún arreglo de la crisis europea, donde las dos señales más poderosas parecen haber sido la inesperada cancelación del viaje del primer ministro griego a los EE.UU. y la decisión de la calificadora Moodys de darle 30 días a Italia, antes de rebajarle la deuda. Lo curioso es que por primera vez desde julio de 2010 hay más gente comprada que vendida en dólares.
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