11 de febrero 2009 - 00:00

La táctica macrista: jugar en 2009... sin jugar

El hecho de que Felipe Solá y Francisco de Narváez hayan aceptado la convocatoria de Mauricio Macri a reunirse en ese santuario boquense que es el hotel Intercontinental, lo festejaban ayer por adelantado los macristas como el primero y último logro de este encuentro, el más importante de una campaña electoral que comenzó hace rato. Con eso sólo se han cumplido los objetivos del principal proyecto de Macri para las elecciones legislativas de octubre: jugar en ellas sin jugar, es decir brindar su apoyo al dúo Solá-De Narváez (en ese orden, según el pergeño de Eduardo Duhalde, activísimo en el armado de esta foto) con el principal recurso que puede aportar. Que no son ni dinero ni candidatos, sino prestigio y fama.
La principal dificultad de Macri -dueño político de la Capital- de cara a octubre es que no tiene armado partidario propio en una elección que es una primaria para las presidenciales de 2011. Eso lo obliga a disfrazarse en Buenos Aires, detrás de una propuesta con chance ganadora que lo hace jugar sin arriesgar más que ese insumo inmaterial del prestigio, que es lo que le falta al peronismo duhaldista de Buenos Aires.
Esa fracción del peronismo antikirchnerista quedó herida con el lanzamiento presidencial de Carlos Reutemann, un hecho que reseteó a todas las tribus peronistas, incluyendo al kirchnerismo. Para Duhalde y sus extensiones -Solá, De Narváez- fue fatal porque abrió una ventanilla mucho más atractiva para el peronismo no kirchnerista en la cual sindicar sus aspiraciones. Ese sector entendía, hasta la reaparición del Lole santafesino, que el turno de la oposición lo tenían reservados ellos sin sombra de competencia. Con Lole en la cancha debieron todos rearmar una estrategia para recuperar cartel ante un proyecto que tiene aroma gubernamental porque contiene hasta una capitulación del kirchnerismo frente al santafesino como el mejor sucesor posible.
De esa estrategia forma parte el acercamiento a Macri como empatar por lo menos la elección bonaerense. «Que esté Mauricio es imprescindible para el armado electoral de 2009» es el dictamen que escucharon Solá y De Narváez de boca de Duhalde, ansioso por entrar en un film en el cual se había quedado sin libreto.
Como lo barato sale caro, Macri tuvo que enviar gente de él al almuerzo de Luis Barrionuevo en Mar del Plata el jueves pasado. Con esa presencia paga la mansedumbre con la cual Solá y De Narváez aceptaron la invitación a ir al Intercontinental, sacarse una foto y discutir una minuta de propuestas en cuya redacción trabajaban anoche -cruzamos mails y mensajes de texto- los respectivos escuderos, José Torello, Juan José Alvarez, y Alfredo Atanasoff, entre otros.
Si Macri parece ya ganador con la mera foto, Solá es el segundo beneficiado porque recupera el protagonismo perdido y se pone en la foto junto al mágico Macri. Los dos se dicen amigos desde hace años, pese a la diferencia de edad. Tienen además un acuerdo -que niegan cuando se les pregunta al respecto- para las presidenciales de 2011: de los dos, será candidato quien mejor mida en las encuestas ese año. Es lo único solvente de toda esta novela veraniega. Lo demás es pirotecnia.
Solá ha logrado marear a los compañeros de mesa con la pretensión de ser candidato a diputado nacional, cuando ya tiene una banca hasta 2011. Dice que quiere ganar legitimidad; no responde cuando le dicen que si algo tiene es legitimidad porque encabezó la lista que ganó las elecciones, la del Frente para la Victoria, que sacó más de 3,1 millones de votos. Por ganar legitimidad como opositor -un deseo interior que deberá consultar con el analista- busca ahora que De Narváez, que debe renovar la banca, lo secunde en la lista, con el riesgo de que el 3,1 millones de votantes de 2007 se le vuelva en contra en 2009, desairado por tanta movilidad del ex gobernador. Su trayectoria, además, hace temblar a sus socios, que saben que Solá sólo juega a ganador y nunca apuesta a cartas testimoniales. Por eso, dicen, hay que vigilarlo hasta el día del cierre de listas.
De Narváez está tan necesitado de la foto como Solá, pero llega a la reunión divorciado de sus padrinos duhaldistas hasta la semana anterior. Se cree víctima de operaciones mediáticas que ponen el eje en la relación Macri-Solá. Lo escuchó el miércoles de la semana pasada a Duhalde en su casa de la calle Ocampo en el porteño Barrio Parque. No pareció apreciar que el ex presidente se molestase a peregrinar ese día a su casa para pedirle que acepte la precedencia de Solá. Por ejemplo, en una lista en la cual el ex gobernador vaya primero y él segundo. «Es justo, Felipe es candidato a presidente, vos a gobernador, él primero, vos segundo». Al día siguiente se hacía el almuerzo en lo de Barrionuevo en Mar del Plata y De Narváez resolvió no asistir. Entre las operaciones para bajarle el precio frente a Macri-Solá y el riesgo de la foto de los dinosaurios creyó que no era el momento de exhibirse tanto.
Llega a la reunión pidiendo una quimera, una elección interna entre él y Solá para encabezar la nómina a diputados. Ya le dijeron Solá y Macri que es técnicamente imposible porque no hay partido ni padrón con los cuales hacer esa interna. Para De Narváez la posición es desoladora porque con el ingreso hoy al salón del hotel Intercontinental retrotrae su biografía varios años. Es cierto que ha conocido mucha gente en esa navegación que terminó la semana pasada con su pelea con los duhaldistas por no ponerse debajo de Solá y por huir de una foto que era una prueba de sangre. Vuelve a ir al pie de Macri, con quien compartió sus comienzos en la política y una fundación hasta que los separaron celos generacionales y ambiciones divergentes. Ha invertido demasiado para ser hoy quien se sienta en la mesa para pedir que no lo dejen afuera. Y eso duele.

Dejá tu comentario