El 4 de enero alertábamos a los lectores que por cada punto que trepase la tasa de los treasuries a 10 años se estimaba que los bonos chatarra podrían caer un 9%. El objetivo con ese comentario era prepararlos para un efecto que se daría más tarde o más temprano, y que extrapolaran esta idea a los activos que pudiesen tener en su cartera. Lo que vemos hoy es que desde el 2 de mayo, cuando la tasa de los treasuries comenzó a trepar de manera acelerada, los mercados emergentes vienen perdiendo un 0,15% por cada puntos básico que crece la tasa o el 14,9% por cada punto porcentual (el mínimo de la tasa se marcó el 24/7/12 y el máximo de los emergentes el 2/5/11), en tanto el Dow estaría cediendo un 1,4% y el resto de las grandes bolsas mundo algo más del 7%. De todas formas, cuidado: cuando nos referíamos el efecto de la suba de la tasa era en el marco de algo parecido a una crisis, cosa que no parece estar ocurriendo (por más que los titulares periodísticos parezcan decir otra cosa). Por lo pronto, si bien es cierto que el precio del oro cede más del 23% en estas 37 ruedas, el del petróleo gana un 1%, mientras el diferencial entre la tasa de los treasuries y los bonos emergentes (EMBI+) se ha reducido del 167% al 144%. Esto sugiere que se han desarmado algunas de las posiciones más apalancadas (¿las más sensibles al "carry trade"?), pero que aún no hemos tenido una revaluación del valor del riesgo. De hecho ayer se apuntó a los inversores de corto plazo (básicamente hedge funds e inversores transnacionales) como los responsables del 0,94% que perdió el Dow al cerrar en 14.659,56 puntos (o de la suba de la tasa al 2,55% anual). Estamos ante un fenómeno dinámico y sólo el tiempo dirá cómo se resuelve, pero ya podemos trazar un par de líneas.
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