6 de agosto 2014 - 00:00

La tendencia de Wall Street pasó de ser amiga a enemiga

"La tendencia es tu amiga" es uno de los mandamientos de Wall Street. Y la tendencia, al menos en el corto plazo, dio un golpe de timón desfavorable. La semana pasada hubo que plegar el spinaker y echar mano a las bombas de achique para sacar el agua. El rebote del lunes -tan rápido como falso- se malogró y otra vez se anegó la cubierta. A simple vista se advierte que la Bolsa acusa cansancio, y recibe el castigo que antes repelía. Sin la confianza blindada que resistió hasta el embate de un misil, las palabras del canciller polaco sobre la crisis de Ucrania la zamarrearon a media tarde, y la grieta de las cotizaciones se abrió de nuevo con suma facilidad. Rusia acumula tropas en la frontera y podría invadir a su vecino, dice Varsovia. Y Wall Street, que no las contó ni lo sabe a ciencia cierta, optó por cortar por lo sano -vender primero, averiguar después-, que es lo que hace cuando no se siente muy saludable.

Si los avatares geopolíticos le hacen mella, es porque Wall Street tiene las defensas bajas. "Ésta es una caída en busca de una explicación", grafica un comentarista. "No te pelees con la Fed" es otro precepto canónico. Y si se quiere rastrear el origen de esta súbita debilidad conviene rumbear por allí. ¿Asistimos al equivalente en EE.UU. del momento Carney? Mark Carney, el canadiense que preside el Banco de Inglaterra, sorprendió el 11 de junio pasado cuando señaló que las tasas de interés podían comenzar a subir en las islas antes de lo que se vaticina. Clavó así el aguijón de una duda que -por similitudes en el ciclo económico- cruzó rápido el Atlántico Norte. A su manera James Bullard, de la Fed de Saint Louis; Charles Plosser, de Filadelfia; Esther George, de Kansas City; Richard Fisher, de Dallas, y Jeffrey Lacker, de Richmond, todos ellos, han pronunciado ya declaraciones "à la Carney" en EE.UU.

Bullard, el 9 de junio, dos días antes que Carney llamase la atención, le remarcó a la Asociación de Banqueros de Tennesee que la Fed "está más cerca de sus objetivos macroeconómicos que lo que nunca lo estuvo en los últimos cinco años" rondando "los niveles precrisis de 2006". Y, como es obvio, la política monetaria está muy lejos de donde se ubicaba entonces. A su juicio, la Fed enfrenta el "desafío clásico" de calibrar el ritmo apropiado para proceder a la "normalización" de su política. Son palabras de junio, vale aclarar. Y sin esfuerzo se podrán rescatar otras afirmaciones en la misma longitud de onda. Debe quedar claro que los "halcones" no controlan la voluntad de la Fed. De los citados líneas arriba, sólo dos tienen voto -amén de voz- en el Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC) que es el órgano que toma las decisiones: Plosser y Fisher. Y en la reunión de julio sólo Plosser rompió lanzas cuestionando el "interregno" que se propone entre el final del tapering (en noviembre) y el incierto inicio de la suba de tasas. Zona difusa que alguna vez, cuando se estrenaba en la conducción, Janet Yellen dio a malentender que serían "seis meses". La urgencia retórica de Dick Fisher (no confundir con Stanley Fisher, el nuevo vice de la Fed) es mucha, pero no tanto como para despegarse del consenso que dominan los pacifistas. El momento Carney no ha llegado aún, Yellen le ha puesto el freno de mano pero, a la par, deja que las ideas se ventilen. Una tarea de aclimatación, previa e imprescindible, para avanzar con la agenda de la normalización. No ahora. Sí en 2015.

No es la Fed la que azuza a los inversores. Es comprobar que la economía se abre paso con bríos. Ayer el informe ISM marcó la lectura más robusta de la actividad de servicios desde 2005. O sea, ocho años y medio atrás, y dos años antes de que despuntara la Gran Recesión. La pregunta del millón: así, ¿cuánto faltará para que la Fed decida el comienzo de las hostilidades? En la fragilidad flamante de Wall Street se esboza una respuesta tentativa. Y no habrá cura exprés para la angustia si los indicadores no aflojan. La Bolsa puede tomarse un descanso y esperar sentada, a vuelta de correo, una contestación a sus dudas. El 20 recibirá las minutas de la última reunión que, a juzgar por los cambios en el comunicado oficial, deberían ser sabrosas. Y un día después Janet Yellen, en el sitio ideal para los grandes lanzamientos, en Jackson Hole, podrá mostrar la estrategia que tiene en mente para soltar amarras y dejar atrás la política de la tasa cero.

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