El mensalão o juicio del siglo, como lo bautizó la prensa brasileña, juzgó a 38 exfuncionarios del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) y a empresarios y banqueros cercanos, todos ellos involucrados en una red de compra de votos en el Congreso, que funcionó durante la primera presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva ( 2002 -2005).
De los acusados, 25 fueron considerados responsables penales y encarcelados, entre ellos la ex mano derecha del entonces mandatario, José Dirceu, y el expresidente del PT, José Genoíno. En total, las penas superaron los 100 años de cárcel.
La red de corrupción, liderada por Dirceu según la Justicia, se encargaba de desviar dinero de campañas electorales, organismos públicos y donaciones de empresas al pago de sobornos a aquellos congresistas y partidos que se aliaban al Gobierno en el Congreso y votaban iniciativas presentadas por el Ejecutivo.
El publicista Marcos Valerio de Souza, que logró contratos para realizar campañas del Gobierno, era el encargado de entregar el dinero a los legisladores, al tiempo que conseguía préstamos bancarios o nuevas donaciones de empresas -que eran beneficiadas en contratos públicos- para mantener en constante funcionamiento la red.
Pese a reiteradas acusaciones de los sospechados, Lula da Silva fue excluido de la causa penal y aunque el escándalo estalló un año antes de la campaña electoral por un segundo mandato, consiguió ser reelecto hasta 2010.
Si bien no existe un cálculo exacto de cuánto dinero fue desviado y destinado al pago de sobornos, la Justicia estipuló que la cifra ascendería a 153 millones de reales (unos 76,5 millones de dólares en la actualidad).
El extesorero del PT y una de las piezas clave del caso, Delubio Soares, negó el pago de las mensualidades a los parlamentarios pero reconoció que pudo incurrir en un delito electoral al no registrar todos los recursos que ingresaban al partido.
El mensalão movilizó a 150 abogados, de los 30 bufetes brasileños más prestigiosos, que defendieron a todos los acusados. El proceso catapultó, además, a su juez instructor, hoy presidente del Supremo Tribunal Federal, Joaquim Barbosa, quien fue bautizado por la ciudadanía como el justiciero negro. La imagen del magistrado fue utilizada en las caretas más vendidas durante el carnaval de Río de Janeiro e incluso su nombre se barajó entre los posibles aspirantes presidenciales del próximo año.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario