Difícil para extraer alguna definición que sirva para la rueda siguiente, después de los desarrollos globales de ayer, donde se procuró cambiarle el signo a los índices, aunque no aparecieran novedades estimulantes para ello.
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Y si en Estados Unidos se daba otro indicador, el de la desocupación, sumando víctimas de la crisis y agregándose a la caída del consumo conocida el miércoles, todo parecía dado para tener que contabilizar nuevas bajas de mercado.
Sin embargo, se vio que tras bastante ajetreo se logró cerrar al Dow Jones con el 0,6% de «repunte». Y que esto se fue copiando a lo largo de otros recintos, que habían estado en consonancia con la merma anterior del NYSE.
De tal modo, el vecino Bovespa pudo rebotar con el 1,6% y dejando la mesa tendida para que nuestros «mervales» obraran en consecuencia. Y no pudieron hacerlo.
Así, en una jornada gris y fría -como el tiempo- la nota colorida tuvo que pasar por algo que es una curiosidad: el recinto estrella del mes, el Merval y compañía, resultó la figura opuesta al resto. Acaso la distancia anterior acumulada se volvió como lastre, junto con una base negociada que no genera terreno esponjoso para asimilar ventas cuando aparecen. Tras un mínimo en 1.439, alcanzó -como mejor logro- a recortar la pérdida y concluir en 1.448 unidades con el 0,9% de rebaja. El M.AR volvió a actuar en simpatía con el indicador clásico. En las diferencias prevalecieron las alzas -con 37 positivas- frente a 25 descensos. Y el volumen, anclado en los $ 45 millones de efectivo, un término modesto y siempre dependiendo el índice de lo que decida la oferta en sus movimientos. Fecha que dejó la imagen de estar abierta a cualquier final de semana, sin que pueda sorprender ningún resultado. Y la Bolsa, una charada.
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