El llamado «muro de Cisjordania» es un sistema de paredes, vallas de alambre de púas, torres de vigilancia, zonas con piso de arena para detectar huellas de posibles intrusos y caminos pavimentados para permitir el patrullaje.
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Fue iniciado en 2002 por orden del Gobierno de Ariel Sharón y, cuando esté terminado, medirá 720 kilómetros. El ancho comprendido entre las vallas oscila entre 50 y 100 metros. Llega a tener 8 metros de altura.
Su trazado busca dar protección y continuidad territorial a más de 50 asentamientos israelíes que albergan al 80% de los colonos, y a ciudades fronterizas dentro del territorio israelí. Tramos del muro o valla pasan a escasos metros de las ventanas y puertas de viviendas de palestinos.
Ese objetivo lleva a que en muchos tramos penetre profundamente en territorio árabe, lo que los palestinos temen redunde en un severo recorte de la superficie de un futuro Estado.
Asimismo, deja aislados a diversos poblados árabes. Por caso, la ciudad de Kalkilia, con 40.000 habitantes, quedó virtualmente encajonada entre las paredes de la valla.
El Tribunal Internacional de La Haya consideró ilegal el muro e incluso la Corte Suprema israelí obligó a modificar parte de su trazado.
Israel defiende el muro asegurando que, en los lugares en los que ha sido completado, ha mostrado una eficacia prácticamente total para impedir el ingreso de terroristas y la comisión de atentados.
Señala, además, que muchos países han adoptado la misma política, como España -en torno a sus enclaves norafricanos de Ceuta y Melilla- y EE.UU. en la frontera con México.
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