En la medida que la demanda de los consumidores siga débil, lo más probable es que las empresas hagan lo que han venido haciendo, esto es: a) acumular todo el efectivo posible, b) recomprar sus acciones (sin reducir la deuda), y/o c) comprarse a la competencia. Las tres medidas tienen una cosa en común: alimentan la suba de las acciones. No sorprende entonces que con la baja del dólar (-1,3%), la suba de los commodities (2,1%) y un nuevo cúmulo de balances mejores a los esperados el Dow trepara ayer un 1,18% a 11.107,97 puntos. Lo novedoso no pasa entonces por este frente. Mientras la masa compra la idea de que se está gestando una guerra de monedas, las primeras escaramuzas de una verdadera contienda económica mucho más grave se está desarrollando en otro sitio, lejos de la mirada del gran público. A fines de septiembre un pesquero chino colisionó con dos guardacostas japoneses. La nave fue incautada y el capitán, preso. Inmediatamente el Gobierno chino exigió la liberación y la compensación por los daños sufridos, lo que recibió en un primer momento la negativa nipona. Sin que mediara ninguna orden oficial 17 tierras raras dejaron de llegar al Japón y dos días después el capitán fue liberado. Los arreglos pecuniarios están en marcha, pero de todas formas los embarques de tierras raras a Japón llegan con cuentagotas. Hasta mediados de los 80 los EE.UU. eran el principal productor y exportador de estos elementos, pero entonces China lo desplazó y esa industria yanqui quebró. Hoy China produce y controla el 95% del mercado mundial de estos más de 30 productos que se usan para fabricar misiles, fibras ópticas, etc. La baja del martes y la suba de ayer nos muestran que el mercado está nervioso. Evidentemente razones hay.
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