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“La vida de Tita se escribió a través de sus canciones”
Virginia Innocenti: «Esto era una cuenta pendiente con Tita Merello. Además, muchos veían en mí algo de su figura».
En lo que será la reapertura de la sala superior del teatro Maipo, rebautizada como Maipo Kabaret, Virginia Innocenti se pondrá en la piel de la Merello, desde el 22 de julio, para presentar «Dijeron de mí», un unipersonal con guión propio, el acompañamiento en piano de Diego Vila y la dirección de Luciano Suardi. Dialogamos con ella:
Periodista: ¿Qué encuentran en usted en relación a Tita Merello?
Virginia Innocenti: Eso no lo sé. Lo que sí sé es lo que yo admiro en ella, que es esa imagen de mujer de una franqueza brutal. «Yo soy como era, en un mundo inhumano», dijo alguna vez. Y esa frase la pinta perfectamente. Por eso, siempre me pareció injusto que se la juzgara tanto en lo moral, que se la pusiera en el banquillo por ser mujer. Tita fue una persona a la que la vida no le fue sencilla: pasó hambre y tuvo que construirse su vida, su persona, su trayectoria, a fuerza de puro talento.
P: ¿Y sus personajes no han tenido algo de ese tipo de mujeres independientes, a veces malas en su accionar?
V.I.: Son esas cosas que a veces pasan con los actores. Solamente dos veces me ha tocado hacer papeles de malas típicas. Después y antes hice de todo, inclusive comedia. Pero parece que sólo ha quedado eso. Ahora, si la comparación es con Tita, me siento honrada. Fue lo que se llamó una «actriz nacional» que podía hacer un trabajo de gran hondura, como en «Mercado de abasto», por ejemplo, y a la vez ser muy popular y sostener la atención de las multitudes.
P: ¿Cómo llega a este espectáculo de hoy después de aquella historia de hace algunos años?
V.I.: Me había quedado esa cuenta pendiente. Lino Patalano me había visto en el hotel Faena en épocas en que yo estaba presentando mi disco «En agua negra». Parece que le gustó y me llamó para que hiciéramos algo en esta sala del Maipo. Yo le hice varias propuestas; y entre ellas, le hablé de aquella comedia musical sobre Tita. Patalano se quedó con el nombre de la Merello y ahí empezamos a urdir este espectáculo que finalmente quedó. Así que arranqué haciendo una selección de canciones que me parece la representan, sea por su modo tan «diseur» en el canto como pasa con Goyeneche, sea porque hablan de ella, sea porque son composiciones propias no tan conocidas como su tango «Llamarada». A partir de esa lista, entonces, se armó el texto dramático.
P.: ¿Es un musical biográfico?
V.I.: No, pretende ser poético. Partimos de los últimos días de su vida en 2002, cuando vivía en la Fundación Favaloro y a partir de ese momento empiezan a entrelazarse situaciones, recuerdos, textos que van dando cuenta de su vida, canciones usadas por la fuerza de su texto. Hablamos también de una Tita diferente a esa mujer todopoderosa que aparentaba ser; están el desamparo, la soledad, la persecución política que también sufrió.
P: En los últimos años, su vida actoral se ha repartido entre el teatro, el cine y la TV, pero también ha tenido que ver con la música, un terreno en el que, pese a tener ya dos discos grabados, es menos conocida. ¿»Dijeron de mí» conjuga ambas tareas?
V.I.: Para mí no son dos cosas sino la misma porque me gusta igualmente mucho cantar y actuar. Tengo la fortuna que desde que empecé no me ha faltado trabajo. Eso me ha permitido tomar solamente los papeles que me han interesado. Siempre está la dificultad cuando se superponen las cosas. Me ha pasado tener que rechazar alguna película por falta de tiempo -tenga en cuenta que una tira televisiva es muy exigente en cuanto a horarios para un actor- y a lo mejor he presentado mis discos en vivo algo menos que lo que lo haría alguien que sólo se dedica a eso. Pero soy feliz con mi trabajo y a veces las dos cosas se conjugan: por ejemplo, tuve la fortuna de que la canción «Y tú te vas» de Perales, en versión mía, fuera cortina de la novela «Vidas robadas», así mucha gente se enteró que yo también era cantante.
P: ¿Pondría este espectáculo sobre Tita en el terreno de teatro musical?
V.I.: No, yo no diría eso. El teatro musical no es un género muy transitado en la Argentina; a lo mejor somos mejores para otras cosas. A mí me gusta cantar y bailar, pero aquí sólo se muestra mi tarea como actriz y como cantante.
P: Raro que siendo que le gusta bailar y cantar no haya sido convocada para los programas de Marcelo Tinelli.
V.I.: Sí que lo fui. También me llamaron alguna vez para hacer un disco de salsa. Pero por el momento, prefiero elegir lo que me gusta, y eso no está entre lo que elijo ahora. Por suerte no me falta trabajo. Tengo más de lo que necesito para vivir. Así que puedo ir dándome los lujos de seleccionar lo que hago en función de mis convicciones, de una coherencia que quiero mantener.
P: ¿Esto implica que por el momento no habrá televisión?
V.I.: Yo le pongo mucho el cuerpo y la energía a lo que hago y con la exigencia de la televisión me cuesta mucho hacer dos cosas a la vez. Lo que sí va a pasar es que en setiembre se estrenará «Lengua materna», la segunda película de la cordobesa Liliana Paolinelli, que antes había hecho «Por sus propios ojos», en la que trabajamos con Claudia Lapacó, que hace de mi madre, Claudia Cantero, que es mi pareja homosexual, y Ana Katz, que es mi hermana. Es la historia que habla de la relación madre-hija, de la homosexualidad escondida, de los prejuicios, mayores quizá en la hija que en la madre. Es una película muy interesante que me encantó hacer, y es un trabajo distinto respecto de lo que yo venía haciendo. Y así como pude hacer esto, lamentablemente tuve que rechazar otras cosas por falta de tiempo, como un trabajo para Campanella sobre Belgrano, porque tenía que viajar a Tucumán y eso me complicaba mucho, o la oferta de Claudio Villarruel para ser parte de «Caín y Abel», quizá haga sencillamente alguna participación especial, sin la exigencia de una tira. Y sí hice, en la primera parte del año, «Mucho ruido y pocas nueces» en el San Martín con Sergio Surraco y dirección de Oscar Barney Finn. Hacer de una cosa por vez es mi mejor medida.
Entrevista de Ricardo Salton


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