La minuta de la última reunión del Comité Abierto de la Fed (1 de agosto) evidenció un inusual consenso para implementar nuevas medidas de estímulo a corto plazo, si es que la economía no muestra señales claras de mejora. Más allá de que las medidas serían «más de lo que ya se implementó antes» con resultados relativos y que cualquier estímulo sería de orden financiero antes que económico, es claro que el mercado no recibió el anuncio con la algarabía que podría suponerse. De hecho, el Dow anudó su tercera rueda consecutiva en baja cediendo un 0,23 por ciento a 13.172,76 puntos. Es cierto que el S&P 500 quedó ganando el 0,02 por ciento y que el NASDAQ avanzó un 0.,21 por ciento, pero el 0,34 por ciento que perdió el Russell 2000 no nos permite reiterar la idea del martes, en cuanto más allá de la suba o baja, se percibía cierto posicionamiento en favor de la toma de riesgo.
Para algunos, la explicación de esto se vincula a que lo realmente importante se conocerá la semana que viene en la reunión anual de la Fed en Jackson Hole o si no durante la reunión del FOMC a mediados de septiembre. Desgraciadamente la política no queda ajena a todo esto y con el presidente Obama un par de puntos debajo de Mitt Romney en la preferencia de los electores registrados, de manera consistente desde el día 7 de este mes, hay que sopesar hasta qué punto los gobernadores de la Reserva están dispuestos a arriesgar las acusaciones de partidismo. De todas formas, por lo visto desde 2007, las medidas del «Banco de Bancos» tienden a tener un efecto más claro y evidente sobre bonos, acciones y derivados, que en la vida diaria de la gente. El 1,2 por ciento que cedieron ayer las acciones europeas muestra que los problemas del Viejo Continente siguen sin encontrar una buena senda. El volumen: pobre.
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