- ámbito
- Edición Impresa
Lapacó, una memorable Filomena Marturano
En la acertada puesta de Helena Tritek, la Filomena de Claudia Lapacó (muy bien acompañada por Antonio Grimau) está viva, exhibe las marcas de su pasado, transmite todo tipo de emociones y cambia su destino a la vista del público, que aplaude con fervor sus intervenciones.
Lejos del estereotipo de la prostituta sufrida y sentimental, Filomena Marturano es ante todo una mujer aguerrida y obstinada que lucha por formar una familia. Con ese afán se finge moribunda para que Doménico -el hombre que la sacó del prostíbulo- acepte casarse con ella. Pero él se enfurece ante el engaño y anula el matrimonio; entonces, Filomena le confiesa la existencia de tres hijos ilegítimos a los que sostuvo y educó a distancia con el dinero que le sustrajo en 30 años de convivencia.
Así se inicia este colorido melodrama napolitano de 1946, estrenado en plena posguerra. El gran dramaturgo Eduardo De Filippo creó una obra de alcance popular que denuncia el sometimiento sufrido por las mujeres y la marginación a la que estaban condenados los hijos extramatrimoniales.
Si bien los tiempos han cambiado, la pieza conserva sus valores dramáticos y cuenta con una heroína humana, contradictoria y carismática que encarna sin alardes al amor materno generoso e incondicional.
Memorable labor de Claudia Lapacó. Su Filomena está viva, exhibe las marcas de su pasado, transmite todo tipo de emociones y cambia su destino a la vista del público.
Antonio Grimau, por su parte, recrea con gracia y picardía un rol inicialmente negativo: el del millonario egoísta y mujeriego que a la fuerza aprende a ser mejor persona.
El resto del elenco se luce con su labor, en especial Natalia Cociuffo y Milagros Almeida.
La ajustada versión de Dany Mañas se destaca por su cuidadoso manejo del lenguaje, conforme al perfil social de cada personaje y a su origen (hasta en las expresiones más vulgares de Filomena se reconoce la herencia italiana).
Dato curioso: el público que colma en estos días la sala de Villa Urquiza aplaude con fervor las intervenciones de Filomena (su diatriba antiabortista, las burlas que lanza a Doménico y el emotivo reencuentro con sus hijos) y buena parte de la concurrencia corea junto a los protagonistas las canciones italianas que seleccionó la propia directora.
Helena Tritek suprimió los golpes bajos del original y sus trazos gruesos. Y, a través de la música y el humor, logró ponerlo en perspectiva sin traicionar su mensaje.
La puesta tiene el encanto de aquellas comedias de antaño que dieron brillo al cine nacional. Y parte de ese sortilegio tiene que ver con la sugestiva escenografía de Eugenio Zanetti.


Dejá tu comentario