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Las amenazas que vienen de Madrid, sin legitimidad
Rajoy ha lanzado una perdigonada de amenazas tras la decisión de su par argentina de expropiar el 51% de las acciones de YPF en manos de la española Repsol. Desde recurrir a los más célebres cónclaves internacionales como ser la asamblea conjunta del FMI y del Banco Mundial hasta los organismos de la Unión Europea pasando por el CIADI, han sido, hasta ahora, los escenarios elegidos por España para exigir un castigo y compensación de parte de la Argentina.
En medio de la batahola mediática de uno y otro lado del Atlántico, algunos analistas y varios voceros españoles traen a colación que en 1992 España y el Gobierno argentino firmaron un Tratado Bilateral de Inversiones. Con la perspectiva actual es insoslayable que las exigentes condiciones impuestas a la Argentina en dicho acuerdo sólo fueron posibles por los estrechos contactos entre lobistas con Menem, Cavallo y Dromi. Sin embargo, hoy muchos desconocen que alguien, que quizás nunca pensó que se diera este escenario, sino que los puso a modo de contemplación, se ocupó de poner un artículo que prevé la posibilidad de expropiación si la empresa se declara de interés público y se establece una indemnización adecuada.
Las diversas represalias lanzadas por España son, según el derecho internacional, poco factibles. Por ejemplo, el hecho de recurrir a la Corte de La Haya no es viable porque no existe un conflicto jurídico entre la Argentina y España (se trata de un país y una firma privada constituida bajo la ley de sociedades argentinas integrada por accionistas españoles, mexicanos y de otras nacionalidades). Y en el caso de que España fuera con sus socios comunitarios de la Unión Europea tampoco sería demasiado útil para el apetito ibérico ya que la Argentina no es miembro del bloque.
Hoy los análisis de la performance de la gestión de Repsol muestran que en los últimos 13 años primó una estrategia eficiente (para la empresa). A lo largo de estos años las ganancias sumaron más de 16.000 millones de dólares, de los cuales giraron a la matriz española más de 13.000 millones. La empresa valía en el mercado unos 19.000 millones de dólares hace un año atrás. Hoy su valor cayó a 5.300 millones.
Pero Repsol además, desde 2008 viene desprendiéndose de parte del paquete accionario de YPF, bajo la justificación de reducir la exposición al riesgo argentino. Así pasó de un 97,26% al 40,26% en poco tiempo. Entre 2008 y 2011 le vendió a la familia Eskenazi acciones por más de 3.600 millones de dólares. El grupo Petersen (Eskenazi) compró un 15,46% (el 5% en efectivo
-u$s 116 millones-, y el 95% restante con crédito bancario y un préstamo avalado por Repsol), y luego en 2011 otro 10% con una financiación similar. Fueron a 15 años de plazo con 5 años de gracia. La diferencia que YPF valía 15.000 millones en 2008 y en 2011 13.000 millones. En los últimos 14 meses la acción de YPF pasó de 218 pesos a 81
(- 83%).
Según estimaciones privadas, Repsol vendió más del 40% del paquete a casi 6.000 millones de dólares en estos años, lo que hoy vale el 100% menos de 5.300 millones. Si a esto se adicionan los dividendos girados al exterior, Repsol terminó vendiendo el 40% de YPF por más de 14.000 millones por el total del paquete. Un negocio brillante, como para no exigir compensación.


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