Cuando en diciembre pasado el organismo encabezado por Janet Yellen elevó los tipos un cuarto de punto (0,25%), la primera vez que se tomaba una medida así en casi una década, supuso la constatación de que EE.UU. había dejado atrás la aguda crisis financiera de 2008, desencadenada por la explosión de la burbuja inmobiliaria. Los tipos se situaron entre el 0,25% y el 0,50%, y Yellen llegó a afirmar que se proyectaban hasta cuatro ajustes monetarios a lo largo de 2016. Sin embargo, desde entonces el banco central estadounidense ha sido incapaz de dar un paso en la dirección del ajuste.
En principio, fue la volatilidad e incertidumbre sobre la economía de China, inmersa en un proceso de transición hacia un modelo más basado en la demanda interna, a la que se añadieron los bajos precios del petróleo, la fuerte apreciación del dólar a lo largo del pasado año y una debilidad global mayor que la proyectada. Luego, en el segundo trimestre, el nerviosismo se reabrió con la convocatoria del referendo sobre el "brexit" -la posible salida del Reino Unido de la Unión Europea- y la volatilidad volvió a los mercados debido al papel de Londres como centro financiero global.
"Fue uno de los factores para tomar la decisión de hoy (el 'brexit'), podría suponer importantes consecuencias sobre los mercados financieros", reconoció Yellen en rueda de prensa el miércoles pasado. A eso se añadió un sorprendentemente frágil dato de creación de empleo en mayo en EE.UU., de apenas 38.000 nuevos puestos de trabajo, y el peor en cinco años, pese a que la tasa de desempleo se ubicó en el 4,7.
"Casi con total seguridad, la Fed no tendrá oportunidad de realizar ninguna acción al menos hasta la reunión de septiembre", señaló Rick Rieder, director de inversiones de renta fija mundial en BlackRock, en una nota a sus clientes.
Las próximas reuniones de la Fed están previstas para el 26 y 27 de julio, y para el 20 y 21 de septiembre. De las dos, sólo en septiembre está previsto que comparezca en rueda de prensa Yellen, lo que inclina la balanza a que el alza de tipos se produzca entonces.
Entre algunos economistas, no obstante, ha cundido la idea de que existe un mayor problema de fondo en la economía estadounidense asociado a debilidades estructurales, como la baja productividad, por lo que la obsesión de continuar con el ajuste monetario no es la correcta. Es el caso de Larry Summers, exsecretario del Tesoro y profesor de Harvard, quien afirmó la semana pasada en The Washington Post que "la crónica esperanza y creencia de la Fed de que las condiciones pronto permitirán una subida de tipos es errónea". Para Summers, las probabilidades de recesión son "ahora de entre un 25% y un 30%" debido a que "el crecimiento es apenas del 2%, el resto del mundo tiene serios problemas y EE.UU. cuenta con un inusual nivel de incertidumbre política, lo que lo hace inclinarse hacia un mayor pesimismo".
La semana pasada, además, la Fed volvió a rebajar sus previsiones de crecimiento para la economía de EE.UU., que situó ahora en un 2% para este año, frente al 2,2% previsto en marzo, y un 2% para 2017, frente al 2,1% proyectado tres meses atrás.
A comienzos de mes en Filadelfia, Yellen trató de ofrecer una imagen más alentadora, pese a los últimos indicadores. "Aunque la economía recientemente se ha visto afectada por una mezcla de fuerzas contrapuestas, veo buenas razones para esperar que las fuerzas positivas en apoyo del crecimiento en el empleo y la mayor inflación continuarán superando a las negativas", afirmó la presidenta de la Fed.
No todo el mundo, ni siquiera el propio banco central estadounidense, parece ser tan optimista.
| Agencia EFE |


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