Pekín y Seúl - Con su sexta prueba atómica desde 2006 y la más potente hasta ahora, el líder norcoreano, Kim Jong-un, lanza un abierto desafío al presidente estadounidense, Donald Trump, pero el test es también una afrenta a sus vecinos China y Rusia.
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El joven Kim lanzó la bomba horas antes del inicio de la cumbre de los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en el puerto chino de Xiamen. Poco después los presidentes chino, Xi Jinping, y ruso, Vladimir Putin, se encontraban para hablar en persona sobre la crisis. Pyongyang da así otra vuelta de tuerca a un conflicto que lleva meses escalando. Los expertos sostienen que Kim no tiene miedo de probar los límites a los que puede llegar con su programa nuclear ya que las duras sanciones que pesan sobre el país comunista no hicieron más que endurecer su posición.
Corea del Sur cree desde hace años que su vecino lleva adelante una estrategia de "Brinkmanship", es decir, amenazar al adversario hasta llegar al borde del conflicto, pero un especialista en Seúl se muestra convencido de que esta vez "se le está acabando el oxígeno".
El director del Instituto de Política Espacial ruso, Iván Moisseyev, cree que Corea del Norte aún tardará cinco años en desarrollar una bomba nuclear funcional. Los ingenieros norcoreanos crearon la tecnología inicial, "pero unir las cabezas a los misiles no es una tarea sencilla", señaló Interfax.
Internamente es probable que el ensayo sea una maniobra para "distraer de los problemas de abastecimiento en el país", opinó el director de la oficina de la fundación alemana Friedrich-Naumann en Seúl, Lars-Andre Richter. Hacia el exterior, Kim deja claro que no se plegará ante EE.UU.. "Corea del Norte lleva décadas sumida en una mentalidad bélica", señala Richter.
Kim y Trump se amenazaron recientemente de forma recíproca con ataques militares. El presidente estadounidense habló de "fuego y furia", lo que causó gran preocupación internacional en vista del arsenal nuclear de ambos países. ¿Cuán lejos llegará ahora Trump?
El presidente surcoreano, Moon Jae-in, que hasta el momento se negaba a enterrar la posibilidad de un diálogo con su vecino, quiere aislar ahora completamente a Pyongyang. Pero en cualquier caso Seúl quiere evitar una guerra en la península y mantener su alianza con Estados Unidos, aunque ésta se ve opacada sin embargo por el anuncio de Trump de modificar el acuerdo de libre comercio con el país asiático o incluso anularlo.
Richter cree que la paciencia de China también está llegando a sus límites. Pekín lleva tiempo molesto con el comportamiento de su antiguo aliado, pero sus reacciones suenan de todos modos extrañamente ambiguas. Si bien el Ministerio de Exteriores condenó "en duros términos" el ensayo, el presidente Xi Jinping no dijo ni una palabra sobre el tema en la inauguración del foro económico de los BRICS.
"China se enfrenta a un dilema", opina el profesor Shi Yinhong, de la Universidad del Pueblo de Pekín. El Gobierno "tiene que repensar toda su estrategia fundamental hacia Corea del Norte", señala. Es cierto que la actual situación se vio desencadenada por Estados Unidos, pero "Corea del Norte odia cada vez más también a China". El gigante asiático podría cerrarle a su vecino la canilla del petróleo, algo que ha evitado hasta el momento para no provocar el colapso del empobrecido país. Podría haber una interrupción temporal, parcial o a largo plazo de los vitales envíos de crudo. "Pero no podemos utilizar todas las herramientas a la vez", dice el profesor, que tampoco está convencido de su efectividad.
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