- ámbito
- Edición Impresa
Las reformas, gran asignatura pendiente en la nueva Cuba
l Entre hoy y mañana sesionará La Asamblea Nacional cubana, que designará al sucesor de Raúl Castro. l Después de seis décadas, la revolución quedará en manos de una nueva camada de dirigentes, lo que refuerza las preguntas sobre si se retomará el rumbo de apertura económica que aquel inició pero no logró consolidar. l El enfriamiento de la relación con Estados Unidos, debido al rechazo de Donald Trump, puede jugar en contra de esos esfuerzos. l El exilio de Miami, atento.
Pasado y futuro. Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro. Si el segundo sube al poder en Cuba, deberá retomar el programa reformista que este dejó inconcluso.
Raúl introdujo algunas nuevas libertades sociales en el país cuando oficialmente reemplazó en la Presidencia a su hermano mayor, Fidel, en 2008, aunque mantuvo el sistema de partido único que posee el monopolio de los medios y ofrece poca tolerancia a la disidencia.
En cuanto a la economía, su Gobierno solo aplicó una fracción de las reformas de mercado planificadas, que apuntan a profundizar una apertura que Fidel había comenzado tras el colapso de la Unión Soviética en 1991. Incluso retrocedió en algunas medidas.
Aquellos que dieron la bienvenida a los cambios culparon por esto a la resistencia al cambio por parte del Partido Comunista y a una burocracia arraigada a medida que aumentaba la desigualdad social y disminuía el control del Estado.
"Raúl ha creado las grandes líneas, las instituciones, pero lo que no pudo es acabar con la vieja mentalidad", dijo Carlos Alzugaray, un diplomático cubano jubilado.
Más de dos tercios de los cubanos trabajan en un ineficiente sector estatal, ganando un promedio mensual de 30 dólares, aunque la educación y la salud son gratuitas y algunos alimentos y la vivienda subsidiados compensan en cierta medida los bajos salarios.
En la isla, numerosos cubanos dicen que siguen luchando por sobrevivir. Los viajes y el uso de internet, que cuesta un dólar la hora, son lujos que muchos no pueden costear.
Los beneficios de la apertura económica se concentraron en el sector de servicios privados en las ciudades, especialmente La Habana, donde las mejores relaciones con Estados Unidos impulsaron el turismo. Sin embargo, las posibilidades se vieron reducidas el año pasado cuando Donald Trump revirtió parcialmente la distensión.
La economía creció un promedio de 2,4% anual en la última década, según estadísticas oficiales. Pero el Gobierno había dicho en 2014 que era necesaria una expansión anual de al menos un 7% para desarrollar el país. Por otra parte, las exportaciones se estancaron.
Mucho dependerá ahora del camino que siga su sucesor -que probablemente sea Miguel Díaz-Canel, de 57 años- y de la medida en que Raúl Castro tenga voz en la política, ya que continuará como jefe del Partido Comunista hasta 2021.
Como presidente, Castro recortó el abultado plantel estatal, arrendó tierras ociosas en usufructo y expandió el sector privado. El número de cubanos que trabaja por cuenta propia más que se triplicó hasta alrededor de 580.000, sobre una población total de 11,2 millones de habitantes. Algunos cubanos comenzaron a ganar -y gastar- mucho más que los demás.
Castro supervisó también la creación de un parque industrial de estilo chino y durante su Gobierno fue aprobada una nueva ley que ofrece recortes de impuestos a los inversores extranjeros.
La distensión con Washington, alcanzada con Barack Obama en 2014, despertó el interés de los inversores globales. El aumento en el turismo impulsó al sector privado y las remesas sirvieron como capital inicial para muchos cubanos que formaron pequeñas empresas, pero eso significó que las oportunidades emergentes fueron para personas que invirtieron correctamente o con familiares en el exterior.
Sin embargo, en las zonas rurales, los agricultores siguen dependiendo del Estado que asigna escasos equipos, como tractores. La producción agrícola se estancó en la última década, según el centro de estudios Brookings Institution, y Cuba aún importa entre el 60 y el 70% de los alimentos que consume.
Y si bien las reformas tuvieron más éxito en el estímulo de los servicios, todavía hay obstáculos para las empresas privadas, como la falta de un mercado mayorista y el derecho a importar o exportar.
Además, Cuba autorizó el empleo privado solo en ciertas categorías y dejó de emitir temporalmente nuevas licencias el año pasado para actividades populares como administrar restaurantes y alojamientos.
Por otro lado, la economía en general sigue distorsionada por un sistema bizantino de doble moneda (ver página 17).
Si el sucesor de Raúl Castro continúa en su camino de reforma, este podría ser recordado como la versión cubana de Deng Xiaoping, quien transformó a China de una planificación central fallida al socialismo de mercado, dijo William Leogrande, profesor en la American University. "Pero si la actualización falla, Raúl será recordado como un comunista reformista más que no pudo obligar al sistema a cambiar a pesar de sus esfuerzos", señaló.
| Agencia Reuters |

Dejá tu comentario