Como alguien con el privilegio y la necesidad de una absoluta libertad de opinión y expresión para realizar su trabajo, quien esto escribe no puede sino horrorizarse de los dichos de ayer del papa Francisco: “En el nombre de Dios, les pido a los gigantes de la tecnología”(las cotizantes Alphabet, Facebook, Twitter, etc.) que censuren “la propagación del discurso de odio, la preparación, las noticias falsas, las teorías de conspiración y la manipulación política” agregando “en el nombre de Dios, les pido a los medios que dejen de lado la lógica de la posverdad, la desinformación, la difamación, la calumnia...”. Dejemos de lado que tras la masacre de los caricaturistas de Charlie Ebdo, Bergoglio se colocó retóricamente del lado de los asesinos al justificar la violencia cuando uno se siente ofendido, que un mes atrás acusó a los medios católicos que cuestionan su pontificado (la mayor red católica del mundo EWTN) de hacer “el trabajo del diablo” o que evidentemente no tiene idea de cómo funcionan las redes y la gente, que si ven coartados sus derechos simplemente cambian a una plataforma más libre. La propia enseñanza de la Iglesia Católica es que la lucha contra las desviaciones informativas, por más dolor que causen, no debe ser nunca a través de la censura, sino de la verdad y la educación. Ya la Declaración de Libertad Religiosa “Dignitates Humae” del Segundo Concilio Vaticano, N° 1, decía que “La verdad puede imponerse en la mente humana por la fuerza de su propia verdad, que gana la mente por su bondad y poder”, lo que refrenda de alguna manera Juan Pablo II en Centesimus Annus, N° 47, al afirmar que entre los derechos humanos más importantes está el de “desarrollar la inteligencia y la libertad para buscar y conocer la verdad”, sólo posible mediante el libre juego de las ideas. Si el Pontífice ve un problema de comunicación en el mundo, esto no se soluciona invocando a Dios, para que las tecnológicas censuren a sus usuarios, sino redoblando los esfuerzos para difundir y aplicar las enseñanzas de Cristo. Como hace más de medio siglo advirtió el patriarca Máximos IV Sayegh a Paulo VI: “Las verdades reprimidas se vuelven venenosas” ... Con el dólar libre trepando 0,53% a $188 y la tasa de riesgo-país casi sin cambio, el S&P Merval “voló” ayer 3,26% a 87.055,66 puntos. Lo mejor, el operado en acciones: $2.803 millones (repartidos en 55 alzas, 3 sociedades sin cambio y 9 en baja), mientras en Cedear fueron $3.339 M, 59% arriba.
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Las verdades venenosas



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