El descubrimiento de un pasaporte sirio junto al cuerpo de uno de los atacantes de París el viernes hace temer que algunos yihadistas se hayan escondido entre los miles de migrantes que llegan cada día a Europa huyendo de la guerra.
"Es un problema", asegura Ghaled, un sirio que vino a poner una vela ante la Embajada de Francia en Berlín en recuerdo de las víctimas.
Este hombre de 22 años asegura que el pasaporte tiene que ser falso y que sólo lo pusieron cerca del cuerpo para acusar a los sirios. "Creo que es una gran mentira. Todo quedó destruido ¿y sólo quedó el pasaporte?", se pregunta escéptico. "Hay mucha gente que odia a los sirios".
Otro sirio de 24 años que se hace llamar William por temor a dar su nombre real y que su familia en Siria sufra represalias, también teme que los refugiados se conviertan en chivos expiatorios. "En las noticias se habla mucho de los sirios. La Policía encontró un pasaporte sirio. Naturalmente que estoy preocupado, esto no es bueno", explica este estudiante nacido en la ciudad de Hama.
Otros migrantes prefieren hablar de la buena recepción de Alemania gracias a la política de puertas abiertas de su canciller, Angela Merkel, criticada por sus aliados conservadores, la oposición e incluso la población.
"La gente sabe muy bien que no todos somos terroristas del Estado Islámico", el grupo que reivindicó los atentados, explica Mouhanad Dawood, que lleva once años en Alemania. "Un terrorista es un terrorista, venga de donde venga", afirma.
En lo que va de año se han registrado en Alemania varios actos violentos, incluso intentos de incendio, contra centros de recepción de migrantes.
También en Francia los sirios temen represalias indiscriminadas. "Todos los sirios que conozco aquí estaban hablando por internet de todo lo que nos pasará. La verdad es que nadie lo sabe. Los franceses ya no confiaban en los árabes y este odio crecerá, afirma Ayham al Khalaf, un periodista instalado en Francia que huyó de Raqa, un feudo del EI en Siria.
En los Balcanes, los miles de sirios que quieren ir hacia el norte de Europa siguen igual de determinados a pesar de las dificultades y las barreras.
Antes de los atentados de París, la mayoría de países de Europa por donde pasan los migrantes ya intentaban frenar su llegada con vallas, gases lacrimógenos o desviándoles a países vecinos.
En la ciudad de Gevgelija, en Macedonia, Kalaham hace cola en un puesto fronterizo con su hija enferma en brazos para registrarse. Viene desde Grecia y no tiene ninguna intención de dar marcha atrás.
"Sólo quiero abandonar Siria y espero que las cosas irán mejor", asegura. "No tengo miedo, en Siria es el caos, no puede ser peor".
Tampoco Malek Rozhdan, acompañado de su mujer Jusak y de sus tres hijos, piensa cambiar sus planes a pesar de los atentados.
| Agencia AFP |


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