Le cortaron las piernas

Edición Impresa

El hilo adelgazaba al ritmo que las agujas del reloj avanzaban y los desencuentros se profundizaban. Como hace dieciocho meses, y con la misma metodología, eligiendo un micrófono amigable («Telenoche» por Canal 13 con más de 11 puntos de rating) y con una decisión ya tomada. Juan Román Riquelme volvió a poner por delante su sentir, y por detrás la camiseta de la Selección argentina.
Aquella vez fue un pedido expreso de su madre y lo que sufría por las críticas mediáticas. Ahora, las palabras de Diego Armando Maradona, la noche del jueves por TyC Sports (pantalla amigable con el gran DT), aceleraron la decisión y congelaron aún más la frialdad que siempre (los pasillos de la Bombonera son testigos) existió entre el 10 de Boca y el eterno 10 de Boca. Entre el 10 de la Selección y el dueño de la número 10 celeste y blanca.
«A mí Román así no me sirve» fue la gota que rebasó el vaso. Así sin anestesia y a lo Maradona, sin el más mínimo filtro, el seleccionador hizo el análisis en voz alta con un claro mensaje: sacudir la modorra futbolística que Riquelme ha mostrado a lo largo de 2009, cuando jugó seis partidos con Boca, entre Copa y Clausura, sin haber señalado ningún gol, sólo un dato estadístico, pero sin haber logrado transformarse en valor importante en el equipo de Ischia, y esto es indiscutible.
La sinceridad de Diego encendió el reguero de pólvora que desencadenó una decisión llena de coraje y honestidad, pero no por eso repleta de cuestiones personales: «El técnico de la Selección y yo tenemos distintos códigos», y no es necesario ser un agudo analista ni semiólogo para entender. Formalmente y con la misma moneda, Riquelme se alejó primero del técnico y luego del equipo argentino: «La Selección se terminó para mí». Definitivo y convencido, sin ni siquiera dar lugar para rever el tema, como tibiamente hasta Santo Biasatti intentó hacerlo reflexionar.
La camiseta número 10 tendrá que buscar candidato. Aquella promesa de Diego, estrenando cargo de seleccionador hace 90 días, de que el estandarte lo llevaría JR se esfumó en el aire, pero seguramente no habrá sido el último capítulo de este culebrón que tiene a dos personajes que nunca pasan inadvertidos, ni para sus amantes ni para sus críticos acérrimos. Quizás por eso no llegó ni a ser convivencia. No llegó a ser matrimonio, porque ni siquiera hubo un gesto de atracción.
Al mismo tiempo que Román contaba por qué no, Diego se adelantó (el rumor de renuncia sobrevoló durante toda la tarde) con la convocatoria para el partido con Venezuela del próximo 28 de marzo, que recién debía comunicar el 25. Cuando Riquelme anunció su decisión, el técnico volvió atrás: «En la Selección no juega más». Nada de historia cerrada. Sólo un capítulo más de una historia de amores (escasos), odios, rencores, memorias, olvidos, desencuentros y códigos, similares o diferentes, pero códigos al fin. Nadie puede dudar lo que representan ambos; y éste es el punto que nadie, llámese Maradona o Riquelme, puede olvidar: la Selección está por encima de todos.

Dejá tu comentario