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“Le gusta disfrutar de cosas simples”
Periodista: ¿Desde hace cuánto conoce a Peter Diamond?
Iván Werning: Desde que llegué a MIT en 2002. No bien arribé, fue muy cordial conmigo. Me invitó a almorzar. Él y yo compartimos muchos intereses de investigación, así que siempre tuvimos tema para hablar.
P.: ¿Cómo es trabajar con él?
I.W.: Hace poco empezamos a trabajar juntos en un artículo. Ahora que ganó el Nobel, con toda la atención que le va a llover encima, me preocupa que se ponga difícil terminar este proyecto. Lo digo en broma, porque en realidad, conociéndolo, no creo que le cambie las rutinas demasiado. Es muy sistemático y dedicado. Trabajar con él es un placer. Como profesor no tengo experiencia de primera mano. Pero en sus muchos años en MIT fue el asesor de tesis de muchos estudiantes.
P.: ¿Qué características describen su personalidad?
I.W.: Es una persona que disfruta de cosas simples, como ser hincha de su equipo de béisbol (los Red Sox de Boston), algo que lo apasiona quizá tanto como la economía. Al mismo tiempo, es un pensador muy cuidadoso y profundo. Tener una conversación con él siempre es interesante. Es generoso con su tiempo y humilde en su relación con los demás. Por ejemplo, en la conferencia de prensa que dio, citó la influencia que tuvo sobre su pensamiento el trabajo de Dale Mortensen, con quien comparte el Premio Nobel (junto con Chris Pissarides). Aunque es un ideal académico, son pocos los que, en ocasión de su propio Nobel, tendrían la humildad de mencionar algo así. Pero Peter es así.
P.: ¿Cómo estaba ayer por la mañana en la conferencia?
I.W.: Muerto de sueño. Venía de un viaje de 30 horas desde Nueva Zelanda. No pudieron ubicarlo para comunicarle el Nobel. En la casa encontraron a la mujer, y tengo entendido que se enteró por el llamado de un amigo suyo en Inglaterra, colega de Pissarides, que lo agarró por teléfono antes que los suecos volvieran a llamar. Pero estaba muy contento. A diferencia de muchos con posibilidades de un Nobel, que viven ansiosos esperando el llamado, su felicidad no dependía de que le den el premio. Para los próximos años tenía planeado retirarse de la academia y trabajar en la Reserva Federal (lo nominó Obama, pero todavía falta la confirmación del Senado). Estaba entusiasmado con esa etapa de su vida.
P.: ¿Se imaginaba que él podría recibir el Nobel?
I.W.: Sí, obvio. Hace ya varios años que acá en MIT cruzábamos los dedos cada vez que se anunciaba el Nobel. Eso sí, a medida que no salía y no salía, empezamos a dudar. Pero es tan sólido su caso, que a mí me resultaba imposible que se lo saltearan. Tiene contribuciones en tres áreas que son brillantes, cada una digna de un Premio Nobel.
P.: ¿Qué otras personas considera que deberían ganar el Nobel?
I.W.: Tengo muchos economistas que admiro en mi lista, pero prefiero no arriesgar.
Entrevista de María Iglesia

