5 de abril 2013 - 00:00

"Le prénom": una debacle familiar más hilarante que cruel

En su debut como director, Arturo Puig apostó a una comicidad afable sin profundizar en las aristas más crueles e incisivas de la pieza. Para eso contó con el respaldo de un eficaz equipo de comediantes.
En su debut como director, Arturo Puig apostó a una comicidad afable sin profundizar en las aristas más crueles e incisivas de la pieza. Para eso contó con el respaldo de un eficaz equipo de comediantes.
"Le prénom (el nombre)" de M. Delaporte y A. De La Patellière. Dir.: A. Puig. Int.: G. Palacios, C. Belloso, J. Aruzzi, M. Funes y P. Menahem. Esc.: L. Russo y A. Martín. Ilum.: E. Sirlin. Vest.: X. Puig. (Multiteatro)

Toda reunión familiar esconde una bomba de tiempo. Basta con que uno de sus miembros diga algo fuera de lo habitual o se permita alguna ironía para que salgan a la superficie antiguos enconos y rivalidades.

Tal es el caso de Vincent, el protagonista de esta comedia francesa (llevada al cine en 2012 por sus propios autores), quien le hace creer a sus allegados que llamará "Adolphe" a su futuro hijo, sin importarle la similitud fonética entre este nombre francés y el patronímico de Hitler.

De inmediato, todos lo acusan de nazi y así da comienzo una seguidilla de enfrentamientos fogoneados por el propio Vincent.

Ofendido por el violento repudio de su cuñado, el asombro de su hermana, y la desaprobación de Claude (un entrañable amigo de infancia), Vincent decide vengarse de ellos, siguiendo con la farsa sin que su propia mujer esté advertida. Como ocurre en estos casos, una vez traspasado el umbral, todos cantan sus verdades y se esmeran en sacar a la luz los secretos mejor guardados, haciendo peligrar la antigua unión entre amigos, hermanos y cónyuges.

"Le prénom" es una comedia de réplicas y argumentaciones, algo más "blanca" que las de Yasmina Reza (la autora de "Art" y "Un dios salvaje"), pero a la vez muy entretenida, tanto por la comicidad de sus personajes como por las sorpresas que emergen muy cerca del final. Sólo desentona el epílogo, que al ser narrado a público, hace que el desenlace de esta historia pierda credibilidad y fuerza dramática.

En su debut como director, Arturo Puig apostó a una comicidad afable sin profundizar en las aristas más crueles e incisivas de este material. Para ello contó con el respaldo de un eficaz equipo de comediantes integrado por Jorgelina Aruzzi (la hermana), Peto Menahem (el cuñado) y Carlos Belloso (Claude). Los tres hacen reír al público sin descanso y dinamizan la acción a través de una genuina complicidad. Germán Palacios le aporta sobriedad al cínico y competitivo Vincent, pero aún le falta soltura en su discurso inicial, cuando debe introducir a los demás personajes antes que comience la acción.

Por último, Mercedes Funes (la mujer de Vincent) compone a una embarazada de armas tomar, que fuma y no cede terreno ante ningún contrincante.

La moraleja de la obra es muy clara: no hay vínculo que resista el egoísmo, el prejuicio o la falta de confianza, y si hay una verdad que compartir, ésta debe ser ejercida con generosidad y respeto por el otro, no como un arma paralizante.

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