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Lecchi: “Algunos creen que es ficción la austeridad de Illia”
Alberto Lecchi: «Ciertos rasgos de Illia hoy pueden resultar increíbles. Tan es así que mientras ensayábamos un operador nos dijo: ‘Esa secuencia es inventada’».
Periodista: Es la primera vez que usted hace teatro.
Alberto Lecchi: Sí y a pesar de que veo mucho teatro, porque me gusta y porque siempre estoy a la búsqueda de actores, nunca imaginé que iba a dirigir una pieza teatral.
P.: ¿Qué dificultades encontró en esta nueva experiencia?
A.L.: Creo que para un director de teatro debe ser muy difícil hacer cine porque necesita saber de cámara. En cambio, para un director de cine hacer teatro es más fácil porque en toda película hay una puesta. Si tuviera que definir esta obra yo diría que es un documental teatralizado.
P.: ¿Lo sorprendió la personalidad de Illia?
A.L.: Muchísimo. Por empezar no era un tipo tan tranquilo y pacifista como lo pintan. Llegó a irse las manos con un enviado de John Kennedy que había venido a presionarlo por la Ley de medicamentos. Illia poseía una mente muy abierta, amaba a Gandhi y tenía una concepción de la vida muy particular. Cuando quedaba solo en la Casa Rosada hacía yoga y meditación. Había vivido un año en Dinamarca y volvió de allá con ideas muy avanzadas tanto en política como en temas relacionados con la salud. Es asombroso lo poco que sabemos de él.
P.: ¿En eso tuvo que ver la campaña de desprestigio que precedió a su derrocamiento, cuando casi todos los medios de prensa empezaron a llamarlo «la tortuga»?
A.L.: No sé. Sólo sé que Illia hizo muchas más cosas que otros mandatarios. Y hasta último momento defendió su dignidad. Por ejemplo, cuando lo obligaron a abandonar la Casa Rosada no dejó que lo llevaran en el coche que habían traído los militares; sino que salió a la calle, paró un taxi y se fue a la casa de su hermano. Su nivel de austeridad fue impresionante. Pero, cuidado, era un tipo al que de verdad no le importaba el dinero. Al punto de tener muchos problemas familiares porque su mujer y sus hijos a veces se sentían abandonados. Aun pasando necesidades, era capaz de cobrar el sueldo y dejar el sobre olvidado en un cajón de la mesita de luz.
P.: ¿Cuál es el conflicto de la obra?
A.L.: Son dos canales conflictivos. Uno político relacionado con el golpe de 1966 que, según creo, ocurrió no por los errores de Illia sino por sus aciertos, y otro relacionado con su familia, en donde se lo ve un hombre algo distanciado de su hogar debido a su intensa actividad política. Otro punto interesante es que era médico, no abogado como casi todos los presidentes, y realizó su labor en zonas rurales. El sabía relacionarse con los pobres y siempre fue muy solidario con ellos.
P.: ¿Todo lo que sucede en la obra es verídico?
A.L.: Así es y conviene aclararlo porque algunas situaciones y ciertos rasgos de Illia pueden resultar increíbles. Tan es así que mientras ensayábamos un operador nos dijo: «Esa secuencia es inventada». A lo que le respondí: «Mirá, Rovner escribió esta obra sobre la base de los testimonios de la hija de Illia y de Luis Caeiro, que fue secretario suyo. Que quede claro que todo lo que aparece en escena es porque lo vio Emma o porque lo vio Caeiro.
P.: Trabajar en un espacio tridimensional también tiene su complejidad. No hay primeros planos ni encuadres para resolver la acción.
A.L.: Es cierto, pero todo eso se puede manejar. Si usted se para en la décima fila y mira el escenario, como si sus ojos fuesen la cámara, empieza a ver la puesta y a dar forma a las situaciones que aparecen en ella. Lo primero que hago cuando trabajo en cine es la puesta con los actores, después pongo la cámara; por eso me sentí muy cómodo dirigiendo teatro. Cuando me convocaron dudé mucho en aceptar por el riesgo de meterme con una figura política. Finalmente accedí porque Rovner me dio total libertad para modificar el texto. Además, la obra no tiene un tono partidista. De lo que habla es de un gran demócrata, de un hombre honesto, incorruptible y de gran austeridad.
P.: ¿Incluyó proyecciones en la puesta?
A.L.: Sí, algunas imágenes que nos ubican en la época. Aclaro que son muy pocas. No queremos abrumar al espectador.
P.: ¿Cuándo vuelve a los sets de filmación?
A.L.: El año que viene. Ya tengo un guión terminado y otro proyecto en camino, pero no quiero anticipar nada más para no quemarlos. Primero quiero terminar con esta obra, estrenarla, y a partir del 10 de septiembre abocarme a lo que sigue. Espero que 2010 sea un año cinematográfico.
Entrevista de Patricia Espinosa


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