Pareciera que el fantasma griego se esfumó, sin embargo sigue ocupando un lugar en las noticias mientras el país lucha por la recuperación económica. Grecia está a la espera de los posibles cambios en su Gobierno, que algunos analistas temen podrían poner en peligro el cumplimiento de sus compromisos con el Fondo Monetario y la Unión Europea.
Mientras tanto, el Gobierno heleno está cerrando la mayor reestructuración de deuda de la historia. Por ello, es oportuno plantear ¿qué lecciones dejó este proceso a los países emergentes y cuáles fueron los errores de Grecia?
En primer lugar, quedó claro que el uso agresivo de las Cláusulas de Acción Colectiva (CAC) fue vital para conseguir que la mayoría de los bonistas griegos asumieran la quita. Al respecto, la mayoría de la deuda emitida por los países emergentes desde 2003 dispone de CAC, pero hay que tener en cuenta que su activación está sujeta a niveles de participación más elevados.
Otro tema clave, es saber qué legislación rige las CAC, si la de la nación emisora u otras. Porque el uso de CAC agregadas legisladas por instrumentos legales locales facilita el éxito de la reestructuración y minimiza los riesgos de incumplimiento.
Quedó también demostrado que en los casos de condonaciones de deuda de países emergentes los reclamos colectivos de los bonistas privados contra un gobierno soberano no suelen tener éxito. De ahí que se exija la misma quita a bonistas locales y extranjeros.
El caso griego demostró además que los incumplimientos se ejecutan por necesidad. Aunque han habido excepciones, un default o reestructuración son normalmente la última opción.
En cuanto a los tiempos, el retraso en la reestructuración de la deuda griega, por buscar apoyo oficial y querer dar un trato preferencial a los bonistas públicos, dificultó la recuperación económica.
En el caso del trato preferencial que recibió el Banco Central Europeo como tenedor de bonos griegos ha aumentado la probabilidad de que, en el futuro, las intervenciones de los bancos centrales durante las crisis sean interpretadas como futuras quitas.
Grecia también demostró que la deuda emitida bajo leyes locales, con moneda nacional (en este caso euros), bajo una tasa de interés variable, y respaldada por la flexibilidad de un banco central, es más sostenible.
En relación con los seguros contra default (CDS o «credit default swaps») esta vez funcionaron, pero la aplicación de las CAC implica nuevos desafíos para futuros procesos de reestructuración. Vale señalar que la Asociación Internacional de Derivados y Swaps (ISDA por sus siglas en inglés) estuvo a un paso de no activarlos a pesar de la quita.
Por lo pronto el martes pasado Atenas volvió a los mercados de capitales al colocar 1.300 millones de euros en Letras a 3 meses en una licitación que mostró una demanda estable con una caída en los costos de financiación (la rentabilidad bajó 36 puntos básicos a 4,25%). Esta subasta se celebró el mismo día en el que vencían 14.500 millones de euros en bonos griegos. Grecia consiguió el pago de esta deuda gracias a los fondos aprobados por el FMI y la UE para el segundo rescate (130.000 millones de euros). El Tesoro griego recibió el primer envío de la ayuda comprometida por la UE y el FMI, más de 7.500 millones de euros.
Con respecto al pago de los CDS por parte de la ISDA, después que Grecia terminó la semana pasada el canje de 177.300 millones de euros con los bonistas privados liderados por Charles DAllara del IIF que aceptaron una quita «voluntaria» del 53,5%, la entidad calificó la transacción como un «evento de crédito» y ordenó el pago de los seguros. La subasta del martes determinó que la llamada «tasa de recuperación» se situó en el 21,5%, lo que significa que los inversores que habían contratado los seguros recibirían un 78,5% de su inversión en pagos de compensación. Se espera que los inversores que tienen CDS reciban aproximadamente 2.500 millones de euros.
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