17 de octubre 2013 - 00:00

Lenta colectivización de la decisión privada

El Premio Nobel en Economía James Buchanan dedicó la mayor parte de su vida a contrastar los mecanismos de decisión individuales con aquellos que resultan del mecanismo político o "colectivo". Las reflexiones de Buchanan son especialmente pertinentes en la Argentina actual, donde no pocos observadores aplauden el retorno de "la política" a la vida del ciudadano. Por "política" en general entienden el debilitamiento de los procesos decisorios individuales a favor de aquellos que se llevan a cabo a nivel colectivo, sea en el marco de la Legislatura o de asociaciones como sindicatos, agrupaciones estudiantiles, entidades empresarias etc.

Buchanan enfatiza que la decisión individual presenta en general importantes ventajas con respecto a la tomada en forma colectiva: por de pronto no necesita de la elección de representantes -como si lo requieren las decisiones tomadas en forma colectiva-. Eliminar la necesidad de canalizar demandas a través de representantes tiene por supuesto enormes ventajas -en el mundo real los representantes, sean éstos legisladores, dirigentes sindicales o aun administradores de nuestros recursos financieros, raramente hacen lo que quisiéramos que hagan-. Y los resultados son por todos conocidos.

Pero, siguiendo a Buchanan, la decisión individual tiene beneficios adicionales. Por de pronto, no hay "ganadores" y "perdedores": si el 90% de los comensales prefiere carne vacuna y el 10% pasta, la decisión individual permite que cada uno elija lo que quiera. En cambio, con una decisión colectiva la votación llevaría a que la minoría tuviera que comer carne cuando lo que quiere es otra cosa.

En nuestro país la coyuntura actual es un laboratorio de las consecuencias de colectivizar decisiones que podrían haber sido mejor tomadas en el ámbito privado. Un pequeño grupo de alumnos logra imponer (en "asambleas") la decisión de ocupar colegios (o en breve) cortar calles. El resto de los alumnos, sus padres y ahora los ciudadanos de la Ciudad Autónoma deben sufrir las consecuencias de esta "democrática" decisión. Mejor sería, por supuesto, que el que no está contento con lo que recibe se vaya -a su cuenta y cargo- a otro lado. Organicen por ejemplo un colegio donde el director es un alumno (¿el abanderado?) y luego cosechen las eventuales ventajas de este novedoso sistema. Si hay "demanda", la alternativa florecerá. Los múltiples conflictos que se observan en la Argentina de hoy -sean éstos de educación, salud, mercado de trabajo, seguridad social y otros- sólo se reducirán cuando se comprenda que el Estado debe devolver a los ciudadanos poder de decisión que ha sido paulatinamente arrebatado. Ciudadanos con poder de decisión elegirán por sí mismos alternativas que hoy están en manos de "representantes" cuyos intereses difieren -y mucho- de aquéllos de los cuales reciben mandato.

(*) Profesor de la Universidad del CEMA

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