8 de diciembre 2015 - 00:00

Leo Battistelli une la conciencia estética al pensamiento mágico

“Gargalhadas”, la muestra que el artista rosarino Leo Battistelli exhibe en la Galería Del Infinito, está cargada de misterio y también de erotismo.
“Gargalhadas”, la muestra que el artista rosarino Leo Battistelli exhibe en la Galería Del Infinito, está cargada de misterio y también de erotismo.
El artista rosarino Leo Battistelli (1972) radicado desde hace años en Río de Janeiro, volvió en estos días para presentar la exposición "Gargalhadas" ("Carcajadas") en la galería Del Infinito. El título de la muestra es una referencia directa a la divinidad burlona Exú, inspiradora del espíritu que sobrevuela la exhibición. La palabra Exú significa "esfera" y es la forma dominante en una selección de piezas de cerámica, cristal soplado, algodón, hierro y cobre, diseñadas especialmente para el espacio de la galería.

Al ingresar a las salas se divisa una figura humana, un inmenso collar y unas cerámicas blancas como inmensas gotas de lluvia que flotan en el espacio. El conjunto configura un universo mágico. Al desplazarse, el espectador queda envuelto en ese mundo. En su libro "Tres miradas sobre el arte", el pensador español Rafael Argullol habla sobre los mitos y la belleza para los dioses, y observa: "El pensamiento mítico tiende, como finalidad más esencial, a establecer un puente entre lo visible y lo invisible, lo conocido y lo desconocido, lo natural y lo sobrenatural; tiende, en definitiva, a conectar la vida y la muerte, la esfera de los hombres y la esfera de los dioses".

El origen rosarino de Battistelli lo vincula desde la infancia al barro y el agua, elementos esenciales en su obra. Licenciado en Bellas Artes y especializado en Escultura en la Universidad de Rosario, comenzó a exhibir sus obras en 1993. En el año 2004 participó de la primera edición del Premio Petrobras en la Feria Arte BA y obtuvo un éxito a contrapelo. Presentó "Universo inventario", una serie de cerámicas vidriadas blancas con formas de calabazas y con alcohol y hierbas psicoactivas en su interior, colocadas sobre una mesa de madera como pedestal. La obra se destacaba entre todas por su belleza enigmática. Pero el jurado optó por otra para premiar. No obstante, la mesa no pasó inadvertida frente al ojo educado del entonces curador del Malba Marcelo Pacheco. Ese mismo año el Malba comenzó a comprar obras de los artistas de las generaciones del 90 y el 2000, adquirió la estupenda mesa de Battistelli y la incorporó a su colección. Poco tiempo después el rosarino exhibía sus obras en el Museo.

Por otra parte, el interés del artista por la cerámica y en todo caso, por el arte, tiene una significación personal y profunda, está ligada con el sentimiento de admiración que suscitó su abuelo, Alfredo Battistelli, un empleado del ferrocarril que nunca había pintado y al jubilarse decidió "decorar" su casa. Nuestro artista contaba que comenzó adornando un espejo con hojas realizadas con trozos de azulejos. Luego, con unas pocas pinturas, materiales descartables y una creatividad desbordante, llenó la casa de pequeños trenes, vías, carnavales, murgas, flores, barcos y paisajes. Pero recién años más tarde, cuando su nieto y el curador Jorge Gumier Maier las expusieron en el Centro Cultural Rojas, se convirtieron en "obras de arte" de verdad. Allí estaba una pileta de lavar, similar a la del patio de su casa y sobre ella, según contaba su nieto, "un mundo subacuático, un regalo de fantasía para mi abuela". "Ella sigue lavando en esa pileta con peces y seres marinos nadando alrededor de la canilla", dijo entonces Battistelli. Y hoy, a través de la muestra actual, es posible percibir que ese mismo paisaje subacuático de maravilla, perdura en las obras que presenta la galería Del Infinito. Allí están, en una obra conectada con el espléndido cielo de burbujas que creó para el stand de Chandon en la penúltima edición de arteBA, los destellos de las burbujas de cristal, las mismas algas y plantas marinas que llevan a evocar la pileta del patio rosarino.

Entretanto, Battistelli relata que hace unos años sintió que su obra no lo conformaba y el mundo le resultaba estrecho. Primero remontó el Paraná y en su viaje llegó al Norte, exploró Brasil hasta descubrir el encanto de Rio de Janeiro. En esa ciudad nuestro artista logró, como un hechicero, reunir la conciencia estética y el pensamiento mágico, encontró la posibilidad de crear obras que aspiran a conectar la vida cotidiana con lo desconocido y el más allá.

En el texto de presentación de la muestra, citan una frase del texto de Laura Rita, "Santos y Demonios", que dice: "Los organismos mágicos de las imágenes que vinculan al mundo inteligible con el mundo sensible permiten que estos dos planos actúen e interfieran uno sobre otro". Battistelli plantea la posibilidad simbiótica de unir la percepción de la belleza artística y sus creencias en lo sobrenatural y en la facultad mediadora de los dioses, capaces de comunicar a los hombres cuestiones que trascienden la realidad de todos los días. Lo cierto es que la estética mágica puede abrir paso a una estética sagrada que se adivina en las obras.

La exhibición está cargada de misterio y de erotismo. Las paredes están perforadas para insertar unos embudos sobresalientes y sobre una repisa hay una serie de sexos masculinos blancos, en rigurosa fila.

En Brasil, Battistelli trabaja sin hacer distingos entre la producción artística y la de diseñador de objetos utilitarios.

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