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Leopoldo Maler, el arte como ritual y celebración
«Silencio» (imágenes proyectadas de una paciente, y a su lado una enfermera real), obra de Leopoldo Maler, artista argentino que recuperó el origen ritual del arte mediante el cruce entre las artes visuales y el teatro.
Con estas exploraciones, inició su itinerario hacia propuestas que rondaban el precario equilibrio existente entre las artes visuales y el teatro. En «Playback 625», que dirigió en el Royal Court Theatre, según libreto suyo y de Simposon, planteaba la incomunicación de la pareja y el deterioro del diálogo ante la imperiosa presencia de la televisión. Otorgó un sentido nuevo a formas tradicionales como la danza, la radio, la televisión y particularmente el cine. Empleó imágenes fílmicas como parte de sus obras.
Presentada en el Camden Art Center, «Silencio», 1971, fue la palabra escrita en un cartel luminoso sobre la pared de un cuarto de hospital, con una cama construida con tubos de neón sobre la que se proyectaban las imágenes filmadas de una anciana enferma, y a su lado estaba sentada una enfermera real. Ese mismo año, en el Camden Art Festival realizó «Crane Ballet» (Ballet de grúas), para la que utilizó tres grandes grúas, tres acróbatas y quince bailarines para un espectáculo desarrollado al aire libre en una plaza.
En «Q», la propuesta se iniciaba en la calle, con una fila de maniquíes junto a la puerta de la galería en la congestionada esquina de las calles Arkwright y Finchley. En sucesivos momentos que denominó «tres escenas para el tiempo perdido», Maler señalaba cuánto hay de efímero y rutinario en la vida cotidiana.
En Liverpool estrenó la ópera «Carnem et Ciclum», alusión deformada de «pan y circo» de los romanos, que procuraba otro rescate de la naturaleza humana. Produjo también un ballet sobre Popol Vuh, el libro sagrado de los quichés de Guatemala.
Dos años más tarde, de regreso en Buenos Aires, con motivo del asesinato del periodista de la Plata Kraiselburd -pariente cercano-, presentó «Homenaje»: una vieja máquina de escribir de cuyo carro salían llamas en lugar de papel. Otra obra vinculada con ese tema fue «Mortal Issues» (Asuntos mortales), 1977, realizada en la galería Whitechapel de Londres, dirigida por la reconocida crítica inglesa Jasia Reichardt, que viajó a Buenos Aires como jurado de «Escultura, follaje y ruidos» organizada por el CAYC.
«Mortal Issues», con el subtítulo «Santuario con figuras y con fuego», proponía una parábola no sólo sobre la muerte y lo efímero de la vida humana sino también sobre el significado arte. En aquel año también en el Museo de Artes y Ciencia de la Universidad de México, «Fuente de reflexión» que planeaba observar el fin de una civilización standardizada y sus consecuencias posibles derivadas de la uniformidad sociobiológica.
Con «La última cena», integró la propuesta colectiva presentada por el Grupo CAYC en la XIV Bienal Internacional de San Pablo, en la que el Grupo obtuvo el Gran Premio y U$S 15.000, otorgados por un jurado internacional. En la XXXIX Bienal de Venecia de 1980 realizó en la plaza San Marcos su singular performance, «Forno, Fuoco, Forma» (Horno, fuego, forma). Realizó numerosas obras monumentales, entre otras, comisionado por el gobierno francés, un monumento en la isla de Guadaloupe (1994); otro en Suwon, con motivo de la celebración del Mundial de Fútbol en Corea del Sur en 2002; y en una plaza de Oporto, Portugal en 2004. Ese mismo año, en la ciudad de Puerto Rico, llevó a cabo la performance Metrobolismo en la que concentró ciento veinte automóviles de tres colores -blanco, rojo y amarillo - en tres puntos de la ciudad. Siguió sus itinerarios a través de una estación de radio, desde un helicóptero que sobrevoló la zona y se tomaron fotografías para documentar la interacción con los colores.
«A través de sus metáforas visuales plantea su nivel de compromiso y su conciencia colectiva. El resultado final son obras abiertas que permiten la participación del espectador, en ocasiones por la vía de la provocación», escribió María Elena Ditrén, directora del Museo de Arte Moderno de Santo Domingo, donde Maler presentó su muestra «Artodelharte» en 2006.


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