22 de octubre 2012 - 00:00

Líbano: violencia en marcha contra el terror prosirio

Un militante del movimiento libanés 14 de Marzo, opuesto a la dictadura siria de Bashar al Asad, golpea con su zapato un cartel con la imagen del líder de Hizbulá y principal aliado local de Damasco, Hasán Nasralá.
Un militante del movimiento libanés 14 de Marzo, opuesto a la dictadura siria de Bashar al Asad, golpea con su zapato un cartel con la imagen del líder de Hizbulá y principal aliado local de Damasco, Hasán Nasralá.
Beirut - El multitudinario funeral del jefe de la Inteligencia libanesa, general Wisam al Hasan, víctima de un atentado el viernes, terminó ayer en enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes cerca de la sede del Gobierno en Beirut.

Desde el mediodía, decenas de miles de personas comenzaron a congregarse en la Plaza de los Mártires, junto a la mezquita Amin y el mausoleo de Rafic Hariri, el ex primer ministro muerto en un atentado en 2005, donde fueron enterrados Al Hasan y su chofer. El asesinado era un sunita opuesto a Damasco, por lo que se sospecha de ese régimen y de sus socios talibanes, los chiitas de Hizbulá, como autores del homicidio. El ataúd del responsable de la Inteligencia, envuelto en una bandera libanesa, fue llevado en hombros por sus compañeros de las fuerzas de seguridad hasta el interior del templo, ante la mirada de los líderes políticos libaneses que acudieron al funeral.

En un discurso durante las exequias, el ex primer ministro y jefe del grupo opositor Futuro, Fuad Siniora, pidió la dimisión del primer ministro libanés, Nayib Mikati.

Siniora acusó a Mikati de ser «responsable» de la muerte de Al Hasan en el atentado con coche bomba del viernes, en el que murieron otras dos personas y 126 resultaron heridas.

«No podemos aceptar más la cobertura política de los asesinos. Queremos un Gobierno que proteja a los libaneses y no sólo a una parte de ellos», subrayó.

Apenas terminó el funeral, un grupo de jóvenes se dirigió a la cercana sede del Gobierno con la intención de irrumpir en ella para exigir la dimisión de Mikati, quien dejó en el aire esa decisión.

La Policía utilizó gases lacrimógenos, chorros de agua y disparos al aire para dispersar a los manifestantes, que respondieron lanzando piedras.

Los choques se terminaron amainando sin que los manifestantes lograran su propósito de asaltar la sede gubernamental, en unos disturbios que dejaron varios heridos de ambos bandos, según los medios de comunicación libaneses.

De acuerdo con fuentes gubernamentales, entre los heridos figuran 15 miembros de la fuerzas de seguridad.

Frente a esa situación, el jefe de la oposición, Saad Hariri, hijo de Rafic, de quien Al Hasan era un estrecho colaborador, instó a los manifestantes a regresar a sus casas, aunque algunos decidieron quedarse en el lugar e instalaron carpas.

«Lo sucedido es inaceptable. No honramos al general Al Hasan con actos de violencia», afirmó, un llamamiento al que se sumó Siniora y el jefe de Fuerzas Libanesas, Samir Geagea.

El ambiente ya estaba caldeado en la misma Plaza de los Mártires, donde los asistentes enarbolaban banderas libanesas, de los grupos políticos Futuro y Fuerzas Libanesas, así como la enseña de la rebelión siria.

«Mikati fuera», «Basta ya», «Libertad para siempre» o «La sangre de Achrafieh (barrio donde se produjo el atentado contra Al Hasan) tiene el color de la libertad» eran algunas de las consignas escritas en las pancartas.

Agencias EFE, Reuters, AFP, DPA y ANSA, y Ámbito Financiero