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Libran la batalla final por control del nuevo Congreso
Elisa Carrió
Pero hay un hecho que puede trastocar la estrategia opositora y que hasta ahora casi no se tuvo en cuenta. Ese día jurará en la banca Néstor Kirchner, acompañado de su esposa, hijos, la Plaza Congreso con militantes sindicalistas y piqueteros (ver nota aparte) y, lo más intimidante para la oposición, los palcos y las galerías del recinto colmadas de kirchneristas.
Con ese panorama, a los bloques de la UCR, el peronismo disidente, el PRO, la Coalición Cívica, el socialismo, el centroizquierda, la izquierda (si es que cierra hoy finalmente un acuerdo global con el resto de la oposición) les será más difícil aún imponerse en esa votación, aunque tengan el número suficiente.
Exceso
Las entradas para presenciar la jura de los diputados ya están repartidas. Pero este año, la convocatoria excede los números conocidos: 1.300 personas colmarán los palcos altos y los de bandeja, pegados al recinto. Curioso número si se tiene en cuenta que nunca el recinto albergó más de 800 espectadores.
«No se sabe dónde van a entrar», se lamentan ya en Diputados los organizadores. De ese número se calcula que a cada legislador opositor le correspondieron entre dos y tres entradas para acompañantes y la familia. Es decir, si juran 127 entre todos los bloques (se presume que a los veteranos que vienen de la elección de 2007 no irá demasiada gente a verlos), no hay más de 500 entradas repartidas con ese fin. Las demás son una incógnita, que no costará mucho develar: una vez más, pero ahora con la expectativa de apoyarlo a Néstor Kirchner con la Presidente y sus hijos en el recinto, el kirchnerismo como local superará 3 a 1 a la oposición visitante.
El nivel de la pelea ya se empieza a intuir ya que no hay acuerdo ni siquiera por quién presidirá formalmente esa sesión del nuevo Congreso. El rito indica que debe hacerlo el diputado de mayor edad, que se encarga de abrir la sesión, izar la bandera y luego elegir a un presidente provisional que luego toma la jura a los diputados y controla la elección definitiva de autoridades.
El cargo, que dura sólo por esas horas, le corresponde a Raquel Satragno Pinky, que tiene ya la aspiración de quedarse al comando de la sesión durante todo el proceso de jura y elección. Pero el kirchnerismo no lo permitirá: quieren que quien le tome el juramento a Néstor Kirchner sea uno propio y no una estrella de la televisión conocida por su archiantikirchnerismo en el recinto.
Así, la pelea por estas horas gira en torno a reemplazarla a Pinky por Gustavo Marconatto, Gerónimo Vargas Aignase o Patricia Fadel, todos con cargos en comisiones o en el bloque, pero de ninguna manera a la diputada del PRO.
La oposición también quiere cambiar de presidente: la pretensión es que Graciela Camaño controle la sesión de jura y elección de autoridades. El tema no es menor: como se dijo, la sesión puede convertirse en una guerra si la oposición no acuerda antes con el kirchnerista Agustín Rossi la distribución de cargos; necesitarán entonces una mano férrea para controlar la votación.


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