31 de julio 2012 - 00:00

Libre comercio en el olvido

Venezuela se unirá esta semana con pompa a una unión aduanera Mercosur que quedó reducida a un foro político por sus pujas comerciales internas. La Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay pusieron en marcha el Mercosur en 1995 para permitir que el comercio fluya entre sus fronteras y atraer inversiones de escala al estilo de la Unión Europea y el Tratado de Libre comercio de América del Norte.

Casi dos décadas después, el bloque languidece por las peleas comerciales entre sus principales miembros, que intentan blindar su balanza comercial de la crisis financiera global con medidas proteccionistas. Críticos aseguran que el Mercosur se redujo a un espacio político entre líderes de centroizquierda desde donde Brasil construye su creciente influencia regional y global, mientras que para los miembros más pequeños es útil como espacio de diálogo con sus vecinos. Según analistas, la reciente decisión del bloque de permitir el ingreso de Venezuela, uno de los mayores exportadores de crudo del mundo, sigue a la lógica de reforzar su poder de influencia. La Argentina ha venido restringiendo en los últimos meses el ingreso de productos brasileños para proteger el superávit comercial con el que financia a su economía, aislada del mundo por las políticas económicas intervencionistas de la presidenta Cristina de Kirchner. Brasilia le respondió frenando el ingreso de productos frescos. La estadounidense McCain, por ejemplo, debió suspender a fines de junio cientos de trabajadores en Buenos Aires porque no podía suministrar sus papas fritas a los locales de McDonalds y Burger King en Brasil. La compañía se estableció en 1995 en la Argentina con la mira puesta sobre el mercado brasileño. «Las trabas brasileñas ocasionaron a McCain más costos que las suspensiones y la pérdida de ventas por 60 días. Tuvo que abastecer el mercado brasileño desde Canadá y desde Europa y alquilar depósitos para almacenar parte de la producción que no pudo vender», dijo un portavoz de la empresa en Buenos Aires.

A Uruguay tampoco le fue mejor. Sus tres únicas ensambladoras de autos amenazaron con cerrar, y preventivamente enviaron a cientos de trabajadores al seguro de paro, porque la Argentina y Brasil restringieron el ingreso de sus vehículos. La Argentina asoma como el socio más perjudicado por la «guerra fría» comercial, dado que su acceso a Brasil le permitió atraer miles de millones de dólares en inversiones de fabricantes que la usaron como trampolín para abastecer al país vecino. Así desarrolló una fuerte industria automotriz que le permitió compensar en parte su dependencia de las exportaciones agrícolas. «Jamás la Argentina podría estar entre los 20 primeros fabricantes de autos del mundo si no formara parte del Mercosur», dijo el analista Marcelo Elizondo, de la consultora DNI Negocios Internacionales. Ahora, esta clase de inversiones son cada vez más escasas, mientras las empresas prefieren establecerse directamente en el mercado brasileño ante la incertidumbre sobre el futuro del bloque comercial, con un comercio interior de 51.000 millones de dólares en 2011. «Los inversores extranjeros buscan invertir en mercados nacionales en expansión. El Mercosur como mercado regional ampliado no entra más en consideración», dijo José Botafogo Gonçalves, exrepresentante de Brasil para el bloque y uno de sus padres fundadores. En 2011, Brasil recibió u$s 66.660 millones en inversiones extranjeras directas, ante u$s 7.243 millones de la Argentina. En la década de 1990, por cada cuatro dólares que ingresaban a Brasil, la Argentina recibía uno, según la CEPAL. Desde su creación, el Mercosur ha sido escenario de varias pujas comerciales. Pero las estadísticas muestran que, por primera vez, las peleas están contrayendo su comercio interno.

En junio, el intercambio entre la Argentina y Brasil cayó un 32%, lo que provocó que la tercera economía latinoamericana bajara un escalón en el ranking de principales proveedores de su vecino detrás de Estados Unidos, China y Alemania. «La caída se explica (...) por las mayores restricciones a la importación», dijo la consultora Abeceb en un informe. Ni el Arancel Externo Común (AEC), la columna vertebral de la unión aduanera, parece mantenerse en pie. En su afán de proteger a su industria local a toda costa, la Argentina y Brasil acordaron recientemente abandonar la tarifa común para algunos productos. Esto significa que los dos países podrán aplicar diferentes aranceles de importación a un mismo bien. A las peleas comerciales se sumaron las pujas políticas por la incorporación de Venezuela como socio en una cumbre en la Argentina a fines de junio.

La medida generó críticas en las filas del oficialismo y la oposición en Uruguay a pesar de que el presidente José Mujica la respaldó. Su vicepresidente, Danilo Astori, dijo que el ingreso de Venezuela abrió la «herida institucional» más grande en la historia del bloque. La incorporación fue posible porque el Mercosur, en la misma cumbre, decidió suspender a Paraguay debido a la destitución del presidente Fernando Lugo. El Congreso paraguayo era el único parlamento del bloque que había rechazado ratificar la entrada de Venezuela, que debió haberse plasmado hace ocho años. «Estamos viendo un desmantelamiento del proceso integrador. El mercado común, el arancel externo común, la unión aduanera, el libre comercio el tiempo los desmanteló», dijo el excanciller y exministro de Industria de Uruguay Sergio Abreu, actual senador opositor.

Los empresarios venezolanos tampoco están contentos con el ingreso de su país al Mercosur, lo que añadirá más tensiones al bloque. Manuel Heredia, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos de Venezuela, fue directo. «Desde el punto de vista manufacturero y agropecuario, tanto vegetal, como animal, no podremos competir», dijo.

Agencia Reuters

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