25 de octubre 2013 - 00:00

Líderes ingenuos con la tecnología ceden sus secretos

El presidente de Francia, François Hollande, ayer en la cumbre de Bruselas con el titular de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Se dice que  el primero conserva un teléfono inteligente sin codificar para su uso personal, lo que lo hace vulnerable a prácticas de espionaje electrónico.
El presidente de Francia, François Hollande, ayer en la cumbre de Bruselas con el titular de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Se dice que el primero conserva un teléfono inteligente sin codificar para su uso personal, lo que lo hace vulnerable a prácticas de espionaje electrónico.
París - Los jefes de Estado o líderes políticos están equipados con sofisticados aparatos para comunicar o intercambiar información muy sensible, pero usan también a diario teléfonos inteligentes comunes que facilitan los intentos de espionaje.

El miércoles, Alemania afirmó que el teléfono móvil de la canciller Angela Merkel "puede haber sido espiado por los servicios estadounidenses".

Según el diario Tagesspiegel de Berlín, que citó a fuentes gubernamentales, el celular en cuestión no es el teléfono codificado que Merkel utiliza como canciller sino el que tiene como presidenta del partido cristiano-demócrata CDU. Pero una agencia de prensa alemana afirmó que se trataría en efecto de su móvil "oficial", que supuestamente debía estar ultraprotegido.

El Gobierno alemán está dotado desde hace varios meses de teléfonos inteligentes BlackBerry Z10 (de unos 2.500 euros cada uno), especialmente protegidos.

En Francia, los miembros del Ejecutivo tienen teléfonos móviles codificados (de unos 3.300 euros), producidos por la empresa francesa Thales de electrónica y defensa exclusivamente para el Estado. Estos aparatos permiten comunicaciones protegidas hasta el nivel de "secreto de Estado".

Algunos dirigentes políticos y altos funcionarios poseen además intranets muy protegidas y una red ministerial de telefonía fija y telecopia. Pero estos sistemas son a menudo percibidos como un fastidio por sus usuarios, ya que requieren de protocolos o procedimientos de utilización a veces muy pesados: por ejemplo, Teorem tarda hasta 30 segundos para efectuar una llamada, debido a sus claves de seguridad, lo que puede resultar irritante en una época en la que las comunicaciones son cada vez más rápidas.

En una circular del 19 de agosto -cuando el exconsejero de la agencia NSA Edward Snowden ya había revelado la magnitud del espionaje estadounidense en Europa-, los servicios del primer ministro francés Jean-Marc Ayrault, llamaron al orden a los ministros sobre el asunto de la seguridad de sus comunicaciones. En ella se afirma que "la utilización de smartphones no autorizados debe excluir la comunicación de informaciones sensibles" y que éstas deben ser únicamente efectuadas con los teléfonos ultraprotegidos.

Todos los dirigentes políticos, empresarios, banqueros o periodistas que han adquirido un teléfono codificado "tienen paralelamente al menos un iPhone o un BlackBerry", explicó Robert Avril, fundador de la sociedad Cryptofrance, que lanzó en 2008 los primeros teléfonos codificados. "Pese a todos los consejos que se les da, y que estos dirigentes escuchan atentamente, una vez que llegan a sus casas se dicen que eso (ser espiado) es algo que sólo les pasa a los demás. Y eso que no paramos de aconsejar a nuestros clientes que no tengan conversaciones profesionales o envíen e-mails con sus smartphones normales", aseguró.

"Los militares sí tienen cuidado, pero en cuando se trata de políticos, es una catástrofe, les cuesta mucho comprender que deben utilizar teléfonos codificados, no son conscientes de los riesgos, tienen varios teléfonos y están acostumbrados a utilizar instrumentos como Google y Gmail", explicaba recientemente Hervé Schauer, administrador de Clusif, la más importante asociación francesa en materia de ciberseguridad.

Según varios expertos en cibercriminalidad, el uso del Teorem irritaba particularmente al expresidente francés Nicolas Sarkozy. Su sucesor, François Hollande, habría conservado su smartphone personal al llegar al poder, como complemento de los demás aparatos codificados.

Por su lado, Barack Obama, el gran acusado por sus pares internacionales, llegó en 2009 a la Casa Blanca precedido por una fama de gran aficionado al BlackBerry, pero tuvo que luchar para conservar su teléfono multimedia antes de obtener un modelo ultraprotegido aceptado por el equipo jurídico de la presidencia y el Secret Service, que protege a los presidentes.

Últimamente fue fotografiado con el modelo Curve 8900 y se cree que tiene al menos dos. Sin embargo, un teléfono estándar sería para él demasiado inseguro: según los expertos, su BlackBerry estaría dotado de un software único capaz de cifrar las llamadas y los e-mails y que funciona a través de un servidor propio.

Tras muchas pruebas, la NSA determinó que ese sistema era a prueba de escuchas. Sin embargo, a Obama sólo se le permite utilizarlo para llamar a determinadas personas y para intercambiar determinados mensajes. Y otro problema es que al parecer, para recibir esas llamadas y mensajes los otros también necesitan un BlackBerry seguro.

Más que un simple espionaje, la idea es evitar un atentado contra su vida, dado que su posición exacta podría ser revelada por su aparato. También, claro, respetar la ley que indica que todas las comunicaciones presidenciales sean archivadas.

"Tengo un BlackBerry. Pero solamente diez personas tienen" la dirección electrónica, se lamentó Obama en una entrevista de 2010. "Y debo decirlo -añadía-, no es divertido: como saben que terminará en los archivos presidenciales, nadie me quiere enviar cosas que sean realmente entretenidas".

Agencias AFP y DPA, y Ámbito Financiero

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