Límites deberían ser menos indiscriminados

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Las importaciones, un rubro de la actividad económica en el que el Gobierno manifiesta gran interés, están siendo sometidas a una política regulatoria enérgica. Entre los nuevos instrumentos previstos para ello está la exigencia de la nueva Declaración Jurada Anticipada de Importaciones (DJAI).

A través de mecanismos menos formales -como la solicitud a importadores de que se conviertan en exportadores- o más procesales, como las nuevas declaraciones juradas-, estas reacciones gubernamentales se producen en momentos en que las importaciones llegaron a 73.922 millones de dólares (en 2011), lo que importa que han crecido un 31% en relación con los niveles de 2010 (año en el que habían alcanzado 56.502 millones de dólares). Aunque, a decir verdad, el crecimiento de esas compras en 2011, mostró dos etapas: en la primera mitad del año las importaciones crecieron un 38% y en el segundo semestre crecieron menos: un 24%.

A partir de agosto de 2011 las importaciones fueron en cada mes menores a las del mes anterior (en agosto alcanzaron 7.616, en septiembre 6.895, en octubre 6.306, en noviembre 6.236 y en diciembre 5.989). Esto marca la influencia de los límites gubernamentales.

Las importaciones están creciendo sistemáticamente en nuestro país y este fenómeno no es de ahora: en todo el lapso 2005-2011 se elevaron un 157%, lo que implica el 26% anual en 6 años. Así, las importaciones crecieron en 2011 más que el promedio anual de crecimiento en los últimos 6 años.

Pero a la hora de analizar cómo evolucionan las compras desde el exterior, puede observarse que no todos los rubros se han elevado del mismo modo. Algunos han crecido menos que el promedio y perdido participación relativa: así, mientras en 2005 los bienes de capital explicaban el 25% de las importaciones, la incidencia de estos productos que reflejan decisiones de inversión de las empresas ha descendido hasta el 20% en 2011; mientras los bienes intermedios (insumos para la producción) representaban en 2005 el 36% de las importaciones pero en 2011 implican un 29% del total, lo que muestra que este «alimento» para la producción creció menos que el promedio.

Por su parte, han crecido en su incidencia las piezas y accesorios para los bienes de capital (reflejaban en 2005 el 17% y en 2011 lo hicieron en un 19%); el combustible y energía (constituía en 2005 el 5% de las importaciones y en 2011 ascendió al 13% del total y este sector es así un gran impulsor de las importaciones) y los vehículos (explicaron en 2005 el 6% de las importaciones, en 2011 expresaron el 8%).

Finalmente, los más sensibles (y siempre tentadores de ser restringidos) bienes de consumo llegaron a reflejar en 2005 el 11% de las compras desde el exterior, y mantienen esa participación en 2011 (la incidencia de este rubro, pues, no es muy significativa en el conjunto).

Ante esta realidad, que muestra que las importaciones más vinculadas a la inversión y la producción han crecido menos que el promedio y que lo han hecho igual a la media o por encima de ella rubros cuya evolución está menos vinculada con la inversión reproductiva, es de prever que por el impacto en la economía real que tendrían las restricciones a importaciones que se refieren a eslabones de cadenas productivas, estos límites deberán tender, conforme avance su implementación en el futuro inmediato, a ser menos indiscriminados o generales y más enfocados o quirúrgicos a menos que se consienta cierta afectación al nivel de actividad.

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