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Llegó el QE3 recargado
Esto es así, «inicialmente», según reza el comunicado oficial, ya que la cifra puede cambiar conforme evolucionen las variables que el banco central juzga sensibles: actividad económica, empleo e inflación. Pero la recarga del QE3 no deja lugar a dudas: mientras la Fed estima que la inflación correrá a la par, o por debajo, de su objetivo del 2%, el riesgo que lo eriza es que la recuperación económica no posea la pujanza suficiente para mejorar las condiciones del mercado laboral. Por eso insiste con acciones que procuran «mantener la presión bajista de las tasas de interés de largo plazo, apoyar los mercados hipotecarios y ayudar a sostener condiciones financieras generales más relajadas».
¿Nada nuevo bajo el sol? Sí. La Fed ahora adoptó, de forma expresa, una norma ex ante de comportamiento: la regla Evans (en su versión aggiornada). ¿Hasta cuándo se mantendrá la política de tasas cero? No existía una definición precisa que fuera pública. Se conocían dos propuestas, la de Charles Evans, de la Fed de Chicago; y la de Narayana Kocherlakota, de la Fed de Minneapolis, pero el banco central -hasta ayer- prefirió no atarse a ningún compromiso de cumplimiento verificable. Esto cambió y no debe pasarse por alto. La Fed persistirá con el QE hasta que las condiciones laborales mejoren «sustancialmente». Pero las tasas cero se conservarán después que cesen las compras de bonos largos y que la propia economía se fortalezca. ¿Hasta cuándo serán apropiadas? Aquí talla la regla: la política persistirá mientras la tasa de desempleo se preserve por encima del 6,5%; las proyecciones de inflación (entre uno y dos años de plazo) no excedan el 2,5% (medio punto por encima del objetivo de precios de la Fed); y las expectativas de inflación de largo plazo permanezcan bien ancladas. O sea, siempre y cuando se cumplan las tres condiciones.
Conviene hacer memoria: la Fed, cuya conducción heredó Ben Bernanke de manos de Alan Greenspan, era un banco central que no participaba de la moda(lidad) del «inflation targeting». Fue con Bernanke -y cortesía de la crisis- que la institución se avino a explicitar un objetivo de inflación. Lanzado el QE3 original quedó claro, y así lo dijimos, que se había adoptado a la par un objetivo tácito de desempleo, pero no se lo blanqueó hasta ayer. Y, por cierto, no se sabía cuál era la vara concreta (6,5%) que se buscaba alcanzar.
¿Todo esto torna a la política monetaria más expansiva? Ni más ni menos. Pero sí la hace más transparente. Quien quiera una inyección de estímulo adicional deberá esperar por el Banco Central Europeo a principios de enero. ¿Por qué pensaba la Fed, en los comunicados anteriores, que las tasas rayanas a cero se mantendrían hasta 2015? Porque aún hoy no espera que la tasa de desempleo en los EE.UU. (actualmente en un 7,7%) logre perforar el 6,5% antes de esa fecha. Como tendencia central, las autoridades proyectan para 2015 una desocupación de entre el 6% y el 6,6%.
Por último, Bernanke, ¿no estará ensayando una maniobra para mitigar los efectos de una caída eventual en el precipicio fiscal? Como dice Gordon Gekko, no hay ungüento monetario que cure las consecuencias de arrojarse al vacío. Si el salto ocurre, Bernanke prodigará más QE, pero no es razonable pedir que además consiga soldar rápido las fracturas.


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