10 de mayo 2016 - 00:00

Llegó la hora del desarrollo

A pesar de que nuestra Nación empezó su historia en el Norte, esa zona se ha convertido con el paso de los años en el centro de los más excluidos. Si analizamos nada más que la tasa de natalidad de Jujuy, se registran 13.400 nacimientos por año mientras que migran 17.000 habitantes, de los cuales el 87% son jóvenes de entre 20 y 35 años (12 mil lo hacen por razones laborales y 5 mil por estudio, y al igual que la mayoría de los profesionales, cuando alcanzan un título no pueden regresar a sus lugares de origen para desarrollar la profesión).

La enorme contención que provocaron los 110 mil planes sociales y cerca de 85 mil empleos públicos no logró reducir el éxodo porque no satisfacen las expectativas.

La pobreza estructural sigue siendo el principal factor que no puede contener a las generaciones emergentes que se trasladan para integrar las villas de la Ciudad de Buenos Aires, conurbano, Gran Rosario y Córdoba.

Otros ejemplos de desarraigo son las "comparsas" de esquiladores correntinos, las contrataciones para pesca en alta mar, la reconocida corriente migratoria de catamarqueños a la ciudad chubutense de Comodoro Rivadavia ante la demanda de las petroleras.

Pero el dato demográfico más impactante que revela la dimensión del desarraigo lo tiene Santiago del Estero, donde viven 874.006 habitantes, y se estima que alrededor de 1 millón lo hace fuera de su provincia.

Por otra parte, si se analiza la competitividad empresarial, una firma que se radica cerca de un puerto con la tecnología de punta a su disposición y mano de obra calificada abona menos carga impositiva que una fábrica radicada en el Norte. Y si a estas cuestiones adversas se les suman además las distancias hacia los principales puertos, se dificulta aún más la atracción de inversores por el aumento del presupuesto asignado al transporte, y por ende, del valor del producto destinado a la exportación.

Esta realidad responde a una falta de visión de un país integrado y desarrollado armónicamente. No obstante, la gratitud de los gobernadores hacia Nación por el constante apoyo financiero -porque dependen hasta para pagar los salarios de los empleados públicos- se ven condicionados a vivir eternamente pidiendo ayuda.

Ésa es la foto que nos dejó el Gobierno anterior. Los mandatarios aplaudían el modelo mientras las economías regionales se fundían.

En 2015 citricultores entrerrianos tiraron toneladas de mandarinas, lo mismo sucedió con los productores de peras y manzanas del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, que no han podido levantar su cosecha porque la actividad no es rentable y atraviesan la peor crisis de la historia.

Desde 2001 no se realiza un censo agropecuario, pero se estima que desapareció en los últimos años un 30% de los productores arroceros en Entre Ríos, y en San Juan -donde se llevó a cabo el triste "velatorio de la vitivinicultura"- ha quebrado 1/3 de los productores. Otro de los sectores más castigados es el tambero. En Entre Ríos -la provincia que tiene la mayor presión fiscal del país- hay un centenar de tambos esperando remate.

Frente a esta realidad, las primeras medidas del presidente Macri fueron vinculadas al sinceramiento del tipo de cambio, la reinserción argentina en el mundo, incentivos al primer empleo y la apertura de los mercados a la exportación e importación, porque el desafío es recuperar la rentabilidad.

La brecha entre las provincias pampeanas y el resto del país marca la urgencia de establecer un rediseño de la estructura normativa que brinde un marco para garantizar al crecimiento equitativo de la Nación y evite el desarraigo mejorando sus niveles de crecimiento, competitividad y empleo de manera sostenida.

Un proyecto populista piensa en la próxima elección, un proyecto desarrollista, en la próxima generación.

(*) Diputado nacional Cambiemos

Dejá tu comentario